Escribir entre líneas: reconstruyendo el concepto de valor lingüístico en Saussure

Un reino flotante. AI image

Introducción: el problema del texto

En el prefacio del Curso de lingüística general, Charles Bally y Albert Sechehaye reconocen abiertamente la dificultad de su tarea:

«¿Sabrá la crítica distinguir entre el maestro y sus intérpretes? Esperamos que cualquier reproche recaiga sobre nosotros y no afecte a la memoria de aquel a quien tanto admiramos.»

Esta observación no es una simple cautela editorial: señala un rasgo estructural del propio texto. Lo que leemos como Ferdinand de Saussure está ya mediado, condensado y reconstruido.

Esto se hace especialmente evidente en la Parte II, Capítulo IV, §1 («La lengua como pensamiento organizado en la materia fónica»), donde una serie de conceptos fundamentales —diferencia, oposición, signo, valor— aparecen en rápida sucesión, a menudo sin transiciones explícitas. El resultado es un texto conceptualmente denso pero lógicamente elíptico.

El objetivo de este artículo es reconstruir la lógica implícita de este pasaje. Más precisamente, se trata de hacer explícita la secuencia de movimientos conceptuales que el texto presupone pero no desarrolla completamente. En ese sentido, intentamos —modestamente— “escribir entre líneas”.

La disolución de las unidades: pensamiento y sonido como masas amorfas

Saussure comienza desmantelando lo que podríamos llamar la “ontología ingenua” del lenguaje: la idea de que las palabras corresponden a conceptos preexistentes.

Frente a esto, propone un punto de partida radicalmente distinto:

«Psicológicamente, hecha abstracción de su expresión por medio de palabras, nuestro pensamiento no es más que una masa amorfa e indistinta… Considerado en sí mismo, el pensamiento es como una nebulosa donde nada está necesariamente delimitado.»

De manera paralela:

«La substancia fónica no es más fija ni más rígida… sino una materia plástica que se divide a su vez en partes distintas para suministrar los significantes que el pensamiento necesita.»

En este nivel inicial no hay unidades: ni conceptuales ni fónicas. Ambos dominios son continuos, indiferenciados, sin segmentación intrínseca.

La consecuencia es decisiva: la lengua no puede entenderse como un sistema construido a partir de elementos preexistentes. Debe pensarse, más bien, como un proceso que produce sus propias unidades.

 Diferencia sin términos positivos

Si no hay unidades dadas, ¿cuál es la condición mínima de la estructura lingüística?

La respuesta de Saussure es tajante: la diferencia.

«La lengua no comporta ni ideas ni sonidos preexistentes al sistema lingüístico, sino solamente diferencias conceptuales y diferencias fónicas.»

Pero esta “diferencia” no debe entenderse como diferencia entre cosas ya constituidas. Se trata, más bien, de un campo de pura diferenciabilidad: nada está positivamente definido, pero todo es potencialmente distinguible.

No hay términos positivos; sólo condiciones diferenciales.

Estamos, pues, ante un sistema donde las relaciones preceden a los términos.

El corte: articulación sin sujeto

Surge entonces el problema central: ¿cómo aparecen las unidades?

Saussure introduce la noción de articulación:

«La lengua sirve de intermediaria entre el pensamiento y el sonido, en condiciones tales que su unión lleva necesariamente a deslindamientos recíprocos de unidades.»

A primera vista, parece que “la lengua” actúa. Pero esto es una metáfora.

Ni la lengua actúa como sujeto, ni el hablante individual crea las divisiones. La articulación debe entenderse como efecto de un sistema social que se actualiza.

La famosa metáfora lo ilustra:

«Se podría comparar este hecho con el contacto del aire con una capa de agua: las ondulaciones que se forman en la superficie dan una idea de la unión… del pensamiento con la materia fónica.»

La ola no tiene un autor. Es un efecto emergente.

Del mismo modo, la unidad lingüística no es creada por un sujeto, sino que emerge del juego entre pensamiento y sonido dentro de un sistema.

La emergencia del signo: unidad y entidad

Con la articulación aparece el signo.

«La entidad lingüística no existe más que gracias a la asociación del significante y del significado; si no se retiene más que uno de esos elementos, se desvanece.»

Aquí convergen varios términos:

  • signo
  • unidad
  • entidad lingüística

No designan cosas distintas, sino distintos modos de describir una misma realidad: una asociación estabilizada entre sonido y concepto.

Y, crucialmente, esta unidad no es una suma, sino una co-emergencia:

«Se podría pensar en un compuesto químico, el agua, por ejemplo: es una combinación de hidrógeno y de oxígeno; tomado aparte, ninguno de estos dos elementos tiene las propie dades del agua.»

De la diferencia a la oposición

Aquí aparece una distinción fundamental:

Nivel pre-signo:

  • no hay unidades
  • sólo diferencias
  • puramente negativas

Nivel del signo:

  • hay unidades
  • las relaciones son oposiciones

Saussure lo formula con precisión:

«Cuando se comparan los signos entre sí —términos positivos—, ya no se puede hablar de diferencia; la expresión sería impropia, puesto que no se aplica bien más que a la comparación de dos imágenes acústicas, por ejemplo padre y madre, o a la de dos ideas, por ejemplo la idea 'padre' y la idea 'madre'; dos signos que comportan cada uno un significado y un significante no son diferentes, sólo son distintos. Entre ellos no hay más que oposición. »

La diferencia es condición abstracta; la oposición es su forma concreta dentro del sistema.

El valor: el signo en el sistema

Con la oposición aparece el concepto de valor:

«El valor de cada término no resulta más que de la presencia simultánea de los otros.»

Un signo no tiene valor en sí mismo. Su identidad depende de su posición en una red de oposiciones.

Por eso:

«Su más exacta característica es la de ser lo que los otros no son.»

El valor no es una propiedad añadida: es el signo en tanto relacional.

Síntesis: la lengua como forma y no sustancia

Ahora se entiende una de las tesis centrales:

«La lengua es una forma y no una sustancia.»

Esto implica:

  • no hay unidades dadas
  • no hay contenidos positivos
  • no hay identidades intrínsecas

Sólo hay un sistema de diferencias que, mediante la articulación, produce unidades, y mediante la oposición, las organiza en valores.

La lengua no es un conjunto de cosas, sino una estructura de relaciones.

Conclusión: escribir entre líneas

Si el Curso parece fragmentario, no es por debilidad conceptual, sino por condensación. Las transiciones entre diferencia, oposición, signo y valor están ahí, pero no completamente explicitadas. Reconstruirlas es prolongar el gesto Saussureano: hacer visible el movimiento que va de masas amorfas a unidades, de diferencia a oposición, de signo a valor.

Leer a Saussure hoy no es sólo interpretarlo: es continuar un trabajo que sus editores —y quizás el propio maestro— sólo pudieron dejar esbozado.

Bibliografía

De Saussure, Ferdinand. "Curso de Lingüística General." Traducido por Amado Alonso. 24ª edición. Editorial Losada, 1945.

Saussure, Ferdinand de. 1916. Cours de linguistique générale. Edited by Charles Bally and Albert Sechehaye, with Albert Riedlinger. Libraire Payot.

 

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