El prefacio imposible: Nietzsche, Derrida y la inestabilidad del comienzo

Introducción: el problema del umbral

El prefacio ocupa, en apariencia, una posición estable: es lo primero que se lee y lo que introduce, justifica y orienta la obra. Funciona como umbral, como marco, como gesto inaugural. Sin embargo, una paradoja elemental lo atraviesa: el prefacio suele escribirse al final. Para poder anunciar lo que el libro dirá, el autor debe ya saber lo que el libro ha dicho.

Esta observación, tematizada de modo explícito por Jacques Derrida, no es un detalle editorial sino una fisura estructural. Si el texto que parece anterior es en realidad posterior, entonces la distinción entre comienzo y suplemento, entre interior y exterior, se vuelve inestable.

Mucho antes de que esta lógica fuera conceptualizada, Friedrich Nietzsche la había puesto en práctica. Sus Fünf Vorreden zu fünf ungeschriebenen Büchern (1872–73) y el Versuch einer Selbstkritik añadido en 1886 a The Birth of Tragedy constituyen una constelación textual en la que el comienzo se desplaza, se duplica y se vuelve retroactivo. El prefacio deja de ser un simple umbral para convertirse en el lugar donde el origen mismo se problematiza.

El prefacio como exterior interiorizado: Derrida

En Of Grammatology, Derrida observa que el prefacio ocupa una posición ambigua. Es externo al texto y, sin embargo, participa decisivamente en la producción de su sentido. El prefacio promete, encuadra, anticipa; establece el horizonte dentro del cual el libro será leído. Pero esta promesa solo puede formularse una vez que el libro está concluido. El prefacio, que aparece primero, es en realidad lo último que se escribe.

La paradoja no es meramente cronológica. Derrida la inscribe en una lógica más amplia que desestabiliza oposiciones clásicas: interior/exterior, anterior/posterior, primario/secundario. El “marco” no es simplemente un añadido; produce efectos constitutivos. En este sentido, el prefacio participa de la lógica del suplemento: aquello que parece agregado resulta ser condición de posibilidad.

No es casual que Derrida recuerde que incluso Georg Wilhelm Friedrich Hegel, en la Vorrede de la Phenomenology of Spirit, advierta que un prefacio filosófico es problemático, pues la filosofía no debería exponerse desde fuera como si su verdad pudiera anticiparse en un resumen. El prefacio, entonces, se convierte en el lugar donde el comienzo se revela como efecto retrospectivo.

Nietzsche I: Prefacios sin libro

En 1872–73, el joven Nietzsche redacta los Fünf Vorreden zu fünf ungeschriebenen Büchern. Se trata de cinco prefacios a libros que nunca fueron escritos. La forma es ya un gesto radical: el marco precede a una obra inexistente.

Aquí el prefacio pierde su función tradicional. No introduce nada; no legitima ningún contenido. Se mantiene como promesa suspendida. El lector es colocado ante un umbral que no conduce a ninguna habitación. El comienzo no inaugura una obra; inaugura una posibilidad.

En estos textos se esbozan temas centrales del período temprano: la cultura griega, la competencia agonística, la formación espiritual, la crítica al saber moderno. Pero lo decisivo no es solo el contenido, sino la forma. Nietzsche convierte el prefacio en texto autónomo. El umbral se emancipa del edificio.

Si, como dirá Derrida más tarde, el prefacio es estructuralmente posterior al libro, aquí se produce una inversión aún más radical: el prefacio existe sin interior alguno. El comienzo se revela como proyección, no como fundamento. El origen no remite a una presencia plena, sino a una promesa que puede no cumplirse.

Nietzsche II: El prefacio retrospectivo

La paradoja alcanza su punto más complejo con el Versuch einer Selbstkritik, escrito en 1886 y colocado al inicio de The Birth of Tragedy. Catorce años después de la publicación original, Nietzsche añade un texto que aparece antes del libro pero que fue escrito mucho después.

En este “intento de autocrítica”, Nietzsche revisa su obra juvenil, cuestiona su tono, su lenguaje y su dependencia de Arthur Schopenhauer y Richard Wagner. El libro de 1872 es reinterpretado desde la perspectiva del Nietzsche maduro. El resultado es una duplicación del comienzo: la obra ya no empieza solo en 1872, sino también en 1886.

El sentido del texto se modifica retroactivamente. El prefacio posterior reconfigura el origen. Lo que parecía fijo se vuelve móvil. El comienzo deja de ser un punto inaugural estable y se convierte en un lugar de reinscripción.

La vacilación misma sobre cómo denominar el texto —¿prefacio?, ¿prólogo?, ¿autocrítica?— indica que la categoría tradicional resulta insuficiente. El texto ya no introduce; reescribe.

Convergencia estructural: gesto y tematización

Nietzsche no desarrolla una teoría del prefacio. No encontramos en él una reflexión sistemática sobre el estatuto del marco textual. Sin embargo, su práctica escritural encarna la inestabilidad que Derrida tematizará décadas después.

Podría formularse así: Nietzsche practica lo que Derrida conceptualiza. En los Fünf Vorreden…, el comienzo es proyección sin garantía. En el Versuch einer Selbstkritik, el comienzo es retroactividad que transforma el pasado. En ambos casos, el origen deja de ser un punto puro.

Derrida mostrará que el límite entre interior y exterior es siempre poroso, que el suplemento participa constitutivamente de lo que parece suplementar. Nietzsche, por su parte, ejecuta esta lógica en la forma misma de su obra. El prefacio deja de ser un mero umbral y se convierte en el espacio donde se decide el sentido del texto.

No se trata de afirmar una identidad doctrinal entre ambos pensadores, sino de reconocer una convergencia estructural. La inestabilidad del comienzo no es solo un problema teórico; es una práctica textual.

Conclusión: el comienzo como reescritura

El prefacio, concebido tradicionalmente como texto anterior y externo, se revela en Nietzsche y en Derrida como lugar de inestabilidad. En un caso, el marco precede a una obra inexistente; en el otro, el marco posterior reconfigura la obra ya escrita. En ambos, el comienzo pierde su pureza.

La obra ya no tiene un origen simple. El inicio puede ser proyección, suplemento o relectura. El prefacio no introduce simplemente el libro: participa en su producción retroactiva.

Si algo emerge de esta constelación, es que el comienzo nunca es plenamente originario. Es siempre efecto de encuadre, de reinscripción, de interpretación. En este sentido, el prefacio imposible no es una anomalía editorial, sino la manifestación de una verdad más profunda: que toda obra comienza más de una vez.

Bibliografía

Derrida, Jacques. Of Grammatology. Trans. Gayatri Chakravorty Spivak. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1976.

Hegel, Georg Wilhelm Friedrich. Phenomenology of Spirit. 1807.

Nietzsche, Friedrich. Fünf Vorreden zu fünf ungeschriebenen Büchern. 1872–73.

Nietzsche, Friedrich. The Birth of Tragedy. 1872. With “Versuch einer Selbstkritik” (1886).

Schopenhauer, Arthur. The World as Will and Representation. 1818.

Wagner, Richard. Selected writings.

 

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