La libertad a través del humo: de las antorchas de Bernays a las imágenes de Irán

“Antorchas de la libertad.” AI image

Introducción

El Domingo de Pascua de 1929, un grupo de mujeres jovenes recorrió la Quinta Avenida sosteniendo cigarrillos encendidos como si fueran estandartes políticos. Casi un siglo después, circulan en internet imágenes de mujeres iraníes que encienden sus cigarrillos con fotografías en llamas del Líder Supremo. A primera vista, ambos momentos parecen separados por la historia, la geografía y el contexto político. Sin embargo, los dos se apoyan en el mismo gesto contundente: una mujer que inhala humo en público como signo de desafío. Uno fue una maniobra publicitaria cuidadosamente coreografiada para vender tabaco; el otro es un acto de resistencia frente a un Estado represivo. Colocarlos uno junto al otro permite formular una pregunta más profunda: ¿Por qué fumar, siendo tan dañino, sigue siendo un símbolo de la libertad femenina?

Bernays y la fabricación de la emancipación

Edward L. Bernays, pionero de las relaciones públicas y sobrino de Sigmund Freud, comprendía que los seres humanos no responden solo a los argumentos. Responden a imágenes que condensan deseo, ansiedad y aspiración. En Propaganda escribió que “la manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas es un elemento importante en la sociedad democrática” (Bernays, 1928, p. 37). Esa manipulación alcanzó un momento decisivo en 1929, cuando la American Tobacco Company quiso ampliar su mercado a las mujeres, a quienes se les desalentaba fumar en público.

Bernays consultó al psicoanalista A. A. Brill, quien sugirió que los cigarrillos funcionaban inconscientemente como emblemas fálicos de la autoridad masculina. La solución fue tan elegante como cínica: reformular el cigarrillo como una insignia de emancipación. Durante el desfile de Pascua en Nueva York, Bernays organizó que varias mujeres encendieran cigarrillos ante los fotógrafos, presentando el gesto como una protesta contra la restricción de género. Los periódicos difundieron diligentemente las “Antorchas de la libertad”, y en pocas semanas el tabú comenzó a resquebrajarse.

Nada en aquel episodio fue espontáneo. Las mujeres eran sinceras, pero el guion había sido escrito de antemano. A un anhelo político se le había adherido una mercancía. Como muestra Brandt (2007), esta maniobra simbólica ayudó a normalizar un hábito que acabaría matando a millones. El cigarrillo ya no era solo tabaco; se había convertido en una narrativa sobre la autonomía.

Irán y la política del gesto prohibido

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 Las imágenes de mujeres iraníes fumando pertenecen a un mundo muy distinto. Las que encienden cigarrillos con fotografías en llamas del ayatolá Alí Jamenei no participan en un espectáculo corporativo. Se exponen a detenciones, violencia o algo peor. En Irán, la falta de respeto pública hacia el Líder Supremo es un delito, y el comportamiento de las mujeres sigue sometido a vigilancia religiosa y legal. Fumar, el cabello, la vestimenta y la presencia en el espacio público son todos ámbitos de control.

Cuando una mujer prende fuego al retrato de Jamenei y utiliza la llama para encender un cigarrillo, fusiona dos prohibiciones: la disidencia política y la autonomía corporal. El cigarrillo se vuelve una señal visible de que su cuerpo no pertenece al Estado. El gesto no trata solo de nicotina; trata de negarse a la sumisión.

Por eso la escena se propaga con tanta rapidez en las redes sociales. Condensa ira, valentía y burla en una sola imagen. El humo que se eleva de la fotografía en llamas convierte la autoridad del régimen en algo que literalmente alimenta un acto de placer y rechazo.

La herencia de los símbolos

Aun así, persiste una pregunta inquietante: ¿por qué fumar? ¿Por qué no limitarse a quemar la imagen? ¿Por qué no alzar el puño o cortarse el cabello, como ya han hecho muchas mujeres iraníes? La respuesta está en la manera en que los símbolos circulan por la cultura.

Fumar no se convirtió en un signo de independencia por azar. Durante más de un siglo, la publicidad, el cine y la moda lo han cargado de connotaciones de rebeldía, autonomía erótica y modernidad. Bernays fue de los primeros en hacer explícita esa asociación, pero no el último. El cigarrillo entró en el imaginario global como un pequeño teatro portátil de desafío.

Los símbolos no se reinician cuando cambian los regímenes. Se acumulan. Cuando una manifestante iraní levanta un cigarrillo, el objeto ya arrastra capas de significado producidas en otros lugares. El acto puede ser sincero, pero el signo que utiliza tiene una historia que se remonta a Madison Avenue.

Esto no implica que esté siendo manipulada. Significa que habla en una lengua que no inventó.

Daño no intencional y paradoja política

Aquí es donde el paralelo con 1929 se vuelve éticamente incómodo. En la campaña de Bernays, las mujeres fueron empoderadas en un sentido social estrecho mientras se las conducía hacia la adicción. La victoria política tuvo un costo biológico. Algo parecido podría estar ocurriendo ahora, aunque no haya ningún cerebro publicitario moviendo los hilos.

Las jóvenes que adoptan el cigarrillo como símbolo de resistencia afirman el control sobre sus cuerpos. Al mismo tiempo, los exponen a una sustancia que provoca cáncer, enfermedades cardiovasculares y dependencia. El daño quizá no esté planeado, pero es real.

Esto no es un juicio moral contra las manifestantes. Es una observación sobre la estructura trágica de la política simbólica. La resistencia suele tomar prestados los materiales del mundo al que se opone. Cuando esos materiales son mercancías, el cuerpo acaba pagando el precio.

Conclusión

La distancia entre la Quinta Avenida de 1929 y el Teherán de hoy es enorme, pero el cigarrillo la atraviesa. Diseñado en su día para traducir el feminismo en ganancias, ahora aparece como un signo de rechazo frente a la autoridad teocrática. En ambos casos, un pequeño objeto en llamas se convierte en portador de un significado desmesurado. Bernays mostró cómo el deseo podía ser moldeado mediante símbolos. Las protestas iraníes muestran cómo esos mismos símbolos pueden ser reapropiados, incluso contra el poder. Sin embargo, el humo sigue entrando en los pulmones. La libertad puede proclamarse con fuego, pero el cuerpo debe respirar lo que queda.

Referencias

Bernays, E. L. (1928). Propaganda. Liveright.
Brandt, A. M. (2007). The cigarette century: The rise, fall, and deadly persistence of the product that defined America. Basic Books.
Freud, S. (1921). Group psychology and the analysis of the ego. W. W. Norton.
Tye, L. (1998). The father of spin: Edward L. Bernays and the birth of public relations. Crown.
Metro. (2026, 9 de enero). Iranian women light cigarettes with burning photo of supreme leader.
Firstpost. (2026). Why are Iranian women burning Khamenei’s photo to light cigarettes?

 

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