Poder, discurso y desplazamiento del filtro en la era digital: una lectura foucaultiana
No todo lo que se piensa puede decirse, y no todo lo que se dice está destinado a circular. Esta intuición, formulada con precisión por Michel Foucault en su análisis del orden del discurso, sigue siendo una clave privilegiada para comprender el presente. En el paisaje digital contemporáneo, marcado por redes, plataformas y sistemas de retroalimentación algorítmica, el problema ya no adopta la forma clásica de la censura visible. Lo que se transforma es el lugar donde opera el control de lo que es admisible en el espacio público: el filtro no desaparece, se desplaza. Comprender este desplazamiento —sus efectos sobre el poder, la enunciación y la constitución del sujeto— exige volver a Foucault, no para aplicarlo mecánicamente, sino para leer en su obra las mutaciones de un régimen discursivo que hoy se presenta bajo formas inéditas.
La policía del discurso
En L’ordre du discours (1970), Foucault describe una serie de procedimientos que limitan lo que puede circular como discurso legítimo. Entre ellos se encuentran la prohibición directa, la división entre razón y locura, y la voluntad de verdad, entendida como el conjunto de reglas que decide qué será escuchado como verdadero. Sin embargo, el aspecto decisivo de su análisis no reside en la censura explícita, sino en los mecanismos cotidianos que operan de manera casi invisible.
La ridiculización, la exigencia de credenciales, la normalización del tono y del estilo, así como las trayectorias consideradas “serias”, conforman lo que podría llamarse una policía simbólica. No se trata de un censor identificable, sino de un campo de fuerzas que vuelve ciertos enunciados impronunciables antes incluso de ser formulados. El poder, en este sentido, no se limita a prohibir: produce silencios anticipados.
Dispositivos y posiciones de sujeto
Foucault no concibe el poder como una ley negativa, sino como un dispositif: una red heterogénea que articula discursos, instituciones, prácticas, técnicas y afectos. Un dispositivo no solo regula, también fabrica sujetos, saberes e identidades. La universidad, el mercado laboral o el campo artístico definen qué combinaciones son inteligibles y cuáles resultan sospechosas.
En La arqueología del saber, Foucault subraya que el sujeto no preexiste al discurso. No hay una voz soberana que se exprese libremente, sino posiciones de enunciación disponibles dentro de un campo determinado. El problema, muchas veces, no es que una afirmación sea falsa, sino que carece de un lugar desde el cual pueda ser reconocida como discurso válido. La ininteligibilidad institucional funciona así como una forma eficaz de exclusión.
Suspensión provisional del filtro
El espacio digital introduce una variación significativa en este esquema. Redes, foros y plataformas no operan, al menos de forma inmediata, con los mismos mecanismos de policía simbólica. No exigen una identidad coherente previa, no sancionan la hibridez y toleran formas incipientes de expresión. En ese sentido, amplían provisionalmente el campo de lo enunciable.
Esta suspensión del filtro previo no implica legitimación. Lo que aparece es un espacio de ensayo donde pueden probarse posiciones de sujeto sin pagar de entrada el costo simbólico que imponían los dispositivos clásicos. Cuando alguien afirma que, por primera vez, logra definirse desde una posición que antes no era discursivamente viable, no se trata solo de un acto psicológico. Desde una perspectiva foucaultiana, se trata del acceso a una nueva posición de enunciación.
Del control anticipado al costo diferido
El desplazamiento central no reside en la desaparición del poder, sino en su reorganización temporal. En el régimen analizado por Foucault, el grupo filtraba antes: decidía qué era admisible dentro del campo discursivo, serio o legítimo. Esa violencia estructurante era excluyente, pero también cumplía una función de selección previa.
En el entorno digital, el filtro se desplaza hacia después. Se habla primero y el juicio llega más tarde, bajo la forma de visibilidad, persistencia o indiferencia. Nadie dice “no” de manera inmediata; el sujeto debe decidir si lo que ha dicho merece sostenerse. El riesgo simbólico se individualiza. La distinción entre una singularidad capaz de transformar un campo y una rareza que solo gira en vacío no desaparece, pero deja de estar garantizada por una instancia colectiva. No existe una regla técnica que separe ambas; esa diferencia sigue siendo histórica, retrospectiva y conflictiva.
Normalización posterior y subjetivación
Una lectura ingenua celebraría esta apertura como liberación. Sin embargo, todo dispositivo produce nuevas formas de normalización. El paisaje digital estandariza modos de decir, desplaza la validación hacia métricas y feedback, y suaviza el conflicto mediante patrones reconocibles. La ausencia de policía inmediata no equivale a la ausencia de poder.
Desde un Foucault tardío, atento a la ética y al cuidado de sí, la pregunta decisiva no es si este régimen es mejor o peor, sino qué tipo de sujeto produce. El juicio ya no proviene del grupo, sino que se interioriza. Criterio, autocrítica y tolerancia al fracaso se convierten en exigencias centrales. El sujeto deviene instancia de selección interna.
Conclusión
El paisaje digital no libera la palabra; desplaza el lugar desde el cual se la gobierna. La suspensión del filtro social previo reduce ciertas formas de violencia, pero introduce nuevas cargas para quien habla. La inteligencia artificial, en este marco, no constituye un origen radical, sino una intensificación de una lógica previa de amplificación, estandarización y diferimiento del control. El desafío contemporáneo no consiste en elegir entre censura y apertura total, sino en pensar cómo se forma el criterio cuando la policía del discurso ya no se presenta en la puerta, sino que se instala en el propio sujeto.
Bibliografía
- Foucault, Michel. L’ordre du discours. Paris: Gallimard, 1971.
- Foucault, Michel. L’archéologie du savoir. Paris: Gallimard, 1969.
- Foucault, Michel. Microphysique du pouvoir. Paris: Gallimard, 1977.
- Foucault, Michel. L’usage des plaisirs. Paris: Gallimard, 1984.
- Foucault, Michel. Le souci de soi. Paris: Gallimard, 1984.

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