Contra la felicidad: culpa y memoria en "Apuntes del subsuelo" de Dostoyevski

Introducción

Al mirar hacia atrás, las personas tienden a organizar la historia de sus vidas en torno a lo que las hirió, más que a lo que silenciosamente las sostuvo. Esta asimetría, ya señalada en la ética clásica, encuentra una de sus articulaciones literarias más radicales en Apuntes del subsuelo (1864) de Fiódor Dostoyevski. El texto presenta una forma de conciencia que no se limita a ignorar la felicidad, sino que la repudia activamente, tratando al sufrimiento como el único modo de existencia moralmente serio. Leída junto a El idiota, donde el bienestar se muestra sin exigir reflexión o autojustificación, Apuntes del subsuelo revela cómo el dolor puede convertirse no solo en una experiencia más, sino en el principio organizador de la memoria, la identidad y el juicio sobre uno mismo.

Dolor, conciencia y autoridad moral

Desde sus primeras páginas, Apuntes del subsuelo (Записки из подполья) anuncia su hostilidad hacia la armonía y la satisfacción. El narrador, cuyo nombre no se menciona, se presenta de manera contundente como “un hombre enfermo” (Dostoyevski, 1864/2009), aunque su dolencia no se reduce a lo fisiológico: es cognitiva y moral. La autoconciencia excesiva, lejos de aportar claridad, produce parálisis, resentimiento y división interna. La acción se vuelve imposible porque todo motivo queda sujeto a un escrutinio corrosivo antes de poder concretarse.

Dentro de este marco, el sufrimiento adquiere un valor paradójico: se convierte en signo de libertad. Frente a la convicción racionalista de que los seres humanos buscan naturalmente la felicidad, el Hombre del Subsuelo insiste en su derecho a desear aquello que lo daña. El dolor, precisamente porque contradice la razón, el cálculo y la utilidad, sirve como prueba de individualidad. Lo que se resiste a la explicación se eleva a evidencia de autenticidad.

La memoria como tribunal

Este privilegio otorgado al sufrimiento tiene consecuencias narrativas decisivas. Lo que duele se recuerda; lo que humilla se reproduce. La vida interior del narrador se organiza alrededor de la ofensa, convirtiendo el dolor en una forma de capital moral. “Ser demasiado consciente es una enfermedad”, observa (Dostoyevski, 1864/2009), pero esta misma enfermedad le concede una autoridad perversa: solo quien sufre intensamente parece tener derecho a hablar con veracidad sobre la existencia. Por el contrario, el bienestar se descarta como superficial e incluso engañoso. La felicidad no solo está ausente de la narrativa; se vuelve filosóficamente sospechosa.

La segunda parte del texto, compuesta por recuerdos fragmentarios, demuestra cómo esta lógica opera retrospectivamente. Encuentros con antiguos compañeros de escuela, oficiales y conocidos se reconstruyen como escenas de humillación. La indiferencia hiere más profundamente que la hostilidad abierta. La memoria no funciona como un repositorio neutral de eventos; actúa como instancia acusatoria. Surge la culpa, pero sin ningún horizonte de reconciliación. El narrador se acusa sin cesar, y sin embargo esta autocrítica no conduce ni al crecimiento ético ni a la reparación. Sostiene la identidad misma que condena.

Culpa y juez interior

En este punto, Notas del subsuelo resuena con la descripción freudiana del superyó como una autoridad interior que “atormenta al yo con la misma severidad que lo hacía la autoridad externa” (Freud, 1930/2010). La culpa en el texto de Dostoyevski no restablece el equilibrio ni aclara responsabilidades. Forma un circuito cerrado, reafirmando sin fin el yo como culpable y, por tanto, significativo. El sufrimiento ofrece un consuelo paradójico: confirma que la vida posee peso y seriedad.

Esta economía psíquica se hace especialmente visible en el encuentro con Liza. Ella ofrece comprensión sin acusación y presencia sin juicio. Por un breve intervalo, algo que se asemeja a la felicidad se vuelve posible, no exuberante ni triunfal, sino tranquila, relacional y no teatral. Sin embargo, esta posibilidad resulta intolerable. Aceptarla exigiría renunciar a la identidad forjada a través del sufrimiento. El narrador, por tanto, arruina el momento, convirtiendo la intimidad en transacción. La felicidad no se extraña; se deshace deliberadamente.

Rechazo y contraste: Apuntes del subsuelo y El idiota

El rechazo presente en Apuntes del subsuelo se vuelve más evidente cuando se lee en paralelo con El idiota. El príncipe Myshkin encarna una relación radicalmente distinta con el bienestar. Sus momentos de armonía se viven sin ser examinados ni convertidos en logro moral; no se cristalizan en capital narrativo. El dolor, cuando llega, interrumpe esta condición, pero no la reemplaza como fundamento de la identidad. Myshkin no necesita el sufrimiento para justificar su existencia. El Hombre del Subsuelo sí.

Mientras que la felicidad en El idiota permanece en gran medida sin tematizar, en Apuntes del subsuelo se rechaza ideológicamente. Mientras que el dolor en la primera obra hiere, en la segunda estructura. Mientras que la culpa en El idiota señala sensibilidad ética, en Apuntes del subsuelo se convierte en la identidad misma. Lo que en una obra aparece como equilibrio silencioso, en la otra se experimenta como amenaza existencial.

Esta diferencia se refuerza a nivel de voz narrativa. En Memorias del subsuelo, el discurso del narrador se socava continuamente, pero ninguna perspectiva alternativa lo reemplaza de manera definitiva. Los lectores se ven obligados a juzgar el acto de juzgar en sí mismo. El texto, por tanto, diagnostica una patología sin prescribir cura, exponiendo el costo de una vida narrada exclusivamente a través del dolor sin ofrecer un ideal compensatorio de felicidad.

Conclusión

El valor de Apuntes del subsuelo reside precisamente en esta exposición. Dostoyevski no sostiene que la felicidad sea ilusoria; muestra cómo la conciencia puede volverse incapaz de reconocerla o, peor, comprometida con su destrucción. El problema no es que los momentos de plenitud no ocurran, sino que no cuentan. El juicio sobrepasa a la vida, y la memoria se convierte en tribunal más que en morada.

En este sentido, el Hombre del Subsuelo se presenta como una figura extrema pero reveladora: un sujeto para quien el sufrimiento no es enemigo de la felicidad, sino su sustituto. Su tragedia no radica en el dolor que soporta, sino en su incapacidad de imaginar una forma de realización que no disuelva el yo que ha construido a partir de la desdicha.

Referencias

Aristotle. (1999). Nicomachean ethics (T. Irwin, Trans.). Hackett Publishing.

Dostoyevsky, F. (2009). Notes from underground (R. Pevear & L. Volokhonsky, Trans.). Vintage Classics. (Original work published 1864)

Dostoyevsky, F. (2003). The idiot (R. Pevear & L. Volokhonsky, Trans.). Vintage Classics. (Original work published 1869)

Eco, U. (1989). The open work (A. Cancogni, Trans.). Harvard University Press.

Freud, S. (2010). Civilization and its discontents (J. Strachey, Trans.). W. W. Norton. (Original work published 1930)

 

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