El espectro de Humboldt: relato neo-noir
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El no-lugar se perfora. |
Voy en el tren.
Rodeado de cuerpos y voces, pero solo.
Este es el no-lugar de Augé: lleno de gente, vacío de mundo.
Estoy apagado.
Muerto en vida, si se quiere.
No es tristeza. No es depresión. Es anestesia de sentido.
Y entonces escucho un nombre.
Alejandro de Humboldt.
Una palabra que resucita.
La pronuncian dos jóvenes, sentados un par de asientos más allá.
Y de repente, estoy vivo.
Humboldt no es casual.
No es un dato erudito.
Es viaje como conocimiento.
Escritura como inscripción del mundo.
Mapa como acto de sentido.
Ciencia, historia, política, Cuba, Ilustración.
Todo aparece de golpe.
El no-lugar se perfora.
Aparece un lugar.
Me acerco a ellos. No por sociabilidad.
Por reconocimiento.
Algo como: “Aquí hay alguien que habita, aunque sea un segundo, el mismo mundo
que yo.”
Breve, preciso, necesario.
No finjo. Respondo.
La energía vuelve.
El tren sigue, la ciudad pasa.
No-lugar y lugar se funden.
Experiencia, instante, palabra: el mundo reaparece.

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