Una mirada de soslayo: el pequeño Hans, el regard lacaniano y la anamorfosis en Holbein
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| Los embajadores de Holbein. Fuente: Wikipedia |
El caso clínico del pequeño Hans, presentado por Freud, suele recordarse como una anécdota sobre la sexualidad infantil, el miedo y el drama de la castración. Sin embargo, bajo la superficie narrativa se oculta un problema mucho más inquietante: el fracaso de la visión para garantizar el sentido. El niño observa con toda claridad que su madre carece de pene y, aun así, insiste —mediante la fantasía, la explicación y el desplazamiento— en que debe poseer uno. Esta contradicción obstinada permitirá más tarde a Jacques Lacan extraer lo que consideró el descubrimiento más radical de Freud: la primacía de la articulación simbólica sobre la evidencia visual. El sentido no sigue al ojo. Sigue al deseo.
El pequeño Hans y los límites de la percepción
En el historial clínico de 1909, el pequeño Hans se enfrenta a la diferencia sexual a través de la figura del cuerpo materno. La ausencia del falo lo confronta con la amenaza de su propia pérdida posible. Para contener esta angustia, Hans elabora una serie de narraciones compensatorias: el falo está oculto, aún se está desarrollando o ha sido extirpado como castigo. Ninguna de estas explicaciones niega lo que el niño percibe, pero tampoco se deja gobernar por lo visible. Freud observa que el miedo a los caballos surge precisamente en este punto, funcionando como un objeto desplazado que absorbe un afecto de otro modo inmanejable. La fobia no constituye una mala lectura de la realidad, sino una resolución improvisada de un callejón sin salida. El caballo se convierte en el portador de una verdad que no puede abordarse de forma directa.
Fetichismo y persistencia del sentido
Esta configuración anticipa lo que Freud formalizará más adelante como fetichismo: la afirmación y la negación simultáneas de la falta. El fetiche permite al sujeto decir, en efecto: “Sé muy bien que está ausente, pero aun así…” (Levine, 2008). La contradicción no se supera ni se disuelve; se mantiene. Para Lacan, esta estructura resulta decisiva. La cuestión no es si el niño ha registrado correctamente la anatomía, sino cómo el sentido persiste desafiando a la percepción.
De la biología al lenguaje: la reformulación lacaniana
La relectura que Lacan hace del pequeño Hans desplaza el descubrimiento freudiano de la biología al lenguaje. Lo decisivo no es lo que el niño ve, sino cómo habla. El orden Imaginario gobierna las imágenes, las identificaciones y la coherencia visual. El orden Simbólico organiza los significantes, las prohibiciones y el deseo. Cuando Lacan habla de una “negación simbólica de la experiencia visual imaginaria” (Levine, 2008), no rechaza la percepción; la subordina. La visión nunca es soberana. Siempre está ya estructurada por el discurso.
De ahí que Lacan advierta contra la confianza en lo que aparece ante la vista en detrimento de lo que se articula mediante la comprensión. La oposición es precisa. La vista registra apariencias. La comprensión nombra, ordena e inviste esas apariencias de sentido. El fetiche ejemplifica a la perfección esta operación: la ausencia no se niega contradiciendo la visión, sino resignificando lo que ha sido visto.
El ojo y la mirada
Esta distinción alcanza su formulación más rigurosa en la teoría lacaniana de la mirada (le regard/The Gaze). El ojo pertenece al sujeto que mira; la mirada pertenece al campo en el que el sujeto queda atrapado. La mirada no es lo que yo veo, sino el punto desde el cual soy visto. Marca la irrupción del deseo en la visión y revela que la percepción nunca es neutral. El deseo estructura lo que puede aparecer, lo que debe permanecer oculto y lo que retorna en forma de angustia.
Los embajadores de Holbein y la verdad anamórfica
En ningún lugar se escenifica esta lógica con mayor fuerza que en Los embajadores (1533) de Hans Holbein el Joven, pintura que Lacan analiza extensamente en el Seminario XI. A primera vista, el lienzo ofrece una exhibición de maestría renacentista: dos dignatarios flanqueados por instrumentos de ciencia, navegación y arte. Todo parece equilibrado, inteligible y controlado. El ojo imaginario queda satisfecho.
Sin embargo, extendida en primer plano aparece una forma extraña y alargada que se resiste a la integración. Desde una posición frontal resulta ilegible. Solo cuando el espectador se desplaza lateralmente la distorsión se resuelve en una calavera. Esta figura anamórfica perturba la composición entera. La calavera no es simplemente un objeto dentro del cuadro; reorganiza la relación del espectador con él. Es necesario abandonar la posición privilegiada del dominio para poder percibirla.
La mirada, lo Real y lo oblicuo
Para Lacan, esta calavera funciona como la mirada misma o, más precisamente, como el objeto a, causa del deseo. No está ahí para ser vista cómodamente. Emerge únicamente mediante el desplazamiento, insistiendo en que la verdad de la imagen se encuentra en otra parte. Así como el caballo del pequeño Hans condensa la angustia de castración, la calavera de Holbein condensa lo Real: la muerte, la falta y el límite de la representación. Ambos objetos operan estando presentes y ausentes a la vez, visibles solo bajo condiciones específicas.
La lección es inequívoca. El sentido no reside en lo que una imagen muestra, sino en cómo sitúa al espectador. El cuadro devuelve la mirada. El sujeto deja de ser soberano. La visión queda expuesta como estructurada, parcial y atravesada por el deseo.
Conclusión: ver de soslayo
Lo que Freud descubrió en la clínica, Lacan radicalizó en la teoría y Holbein anticipó en la pintura converge en una misma intuición: la verdad no aparece de frente. Emerge de manera oblicua, a través de la distorsión, el desplazamiento y la negación simbólica. Para artistas, críticos y espectadores por igual, esto implica que las imágenes nunca son inocentes. No se limitan a representar la realidad; organizan nuestra relación con la falta. Ver, en sentido lacaniano, es siempre ver de soslayo.
Referencias
Freud, S. (1955). Análisis de una fobia en un niño de cinco años. En J. Strachey (Ed. y trad.), The Standard Edition of the Complete Psychological Works of Sigmund Freud (Vol. 10, pp. 1–149). Londres: Hogarth Press. (Trabajo original publicado en 1909)
Lacan, J. (1977). Écrits (A. Sheridan, trad.). Nueva York: Norton.
Lacan, J. (1977). Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (A. Sheridan, trad.). Nueva York: Norton. (Seminario original de 1964)
Levine, S. Z. (2008). Lacan Reframed. Londres: I.B. Tauris.
Holbein, H. el Joven. (1533). Los embajadores [Pintura]. National Gallery, Londres.

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