Nietzsche en la era de la máquina inteligente: el retorno del último hombre
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| El abismo. Ai image |
Introducción: Nietzsche y el horizonte digital
¿Qué pensaría Nietzsche de un mundo gobernado por máquinas inteligentes, donde la información fluye sin obstáculos y todo deseo puede satisfacerse con un clic? El filósofo que anunció la “muerte de Dios” y el advenimiento del nihilismo probablemente vería en nuestra civilización digital tanto la consumación de su profecía como la confirmación de sus temores más profundos. El ideal moderno del confort sin esfuerzo —una existencia de consumo sin fricción— se asemeja a lo que Nietzsche, en Así habló Zaratustra, llamó der letzte Mensch, “el último hombre”. Esta figura encarna el agotamiento de la aspiración humana: el triunfo de la mediocridad disfrazado de progreso.
Sin embargo, Nietzsche también vislumbró otra posibilidad: el Übermensch o “superhombre”, un ser capaz de crear nuevos valores y afirmar la vida más allá de las ruinas de la metafísica. Entre estas dos figuras —el último hombre complaciente y el superhombre creador— se encuentra suspendida nuestra época tecnológica.
El último hombre: confort sin sentido
En el Prólogo de Zaratustra (§§3–5), Nietzsche presenta al último hombre como la fase final del declive humano. Es dócil, satisfecho y carente de pasión. Zaratustra lo ridiculiza con tono profético:
“¿Qué es el amor? ¿Qué es la creación? ¿Qué es el anhelo? ¿Qué es una estrella? —pregunta así el último hombre, y parpadea.”
Ese “parpadeo” no expresa inocencia, sino cansancio espiritual: el gesto de quien ya no busca ni se asombra. El último hombre ha abolido el sufrimiento y el peligro, pero con ello ha extinguido también la profundidad y la grandeza. Se jacta diciendo: “Hemos inventado la felicidad”, reduciendo la existencia al confort y la previsibilidad.
La imagen nietzscheana anticipa al sujeto digital contemporáneo: perpetuamente conectado, pero espiritualmente anestesiado. El desplazamiento infinito en las redes sociales, la selección algorítmica de los deseos y la promesa de satisfacción instantánea reflejan la condición del último hombre. Todo está disponible, pero nada importa realmente. La eliminación del dolor ha borrado también la intensidad; lo que queda es una felicidad administrada: placer sin júbilo, seguridad sin espíritu.
El superhombre: creación y superación
Frente a este telón de agotamiento, Nietzsche plantea la idea del Übermensch, aquel que supera la humanidad tal como es. “El hombre es algo que debe ser superado”, proclama Zaratustra (Prólogo, §3). El superhombre no es una especie superior, sino una transformación creadora de la condición humana. Encarnación de la Selbstüberwindung —la superación de sí—, representa la capacidad de afirmar la vida en toda su complejidad: dolor, contradicción y pérdida incluidos.
El superhombre no busca comodidad, sino desafío. Acepta la dimensión trágica de la existencia como fuente de creatividad. Si el último hombre vive para consumir, el superhombre vive para crear. El primero repite; el segundo inventa. Nietzsche concibe esta transformación como un acto artístico, una revalorización de todos los valores tras el derrumbe de las certezas divinas.
En La voluntad de poder (§868) escribe:
“El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre: una cuerda sobre un abismo.”
El abismo representa el nihilismo: la pérdida de sentido que sigue a la muerte de Dios. Cruzarlo exige valor, no resignación. El superhombre avanza por esa cuerda con plena conciencia, transformando el vacío en posibilidad.
La máquina inteligente y el nuevo nihilismo
Nuestro siglo, dominado por la automatización y la inteligencia artificial, realiza muchas de las intuiciones de Nietzsche sobre la mecanización de la vida. El sueño tecnológico de una comodidad sin fricciones busca abolir el esfuerzo, la demora y la incertidumbre: los mismos elementos que Nietzsche consideraba esenciales para la vitalidad. La máquina inteligente, al anticipar el deseo humano, erosiona también la voluntad que antes lo impulsaba.
Los algoritmos aprenden lo que nos gusta antes de que nosotros mismos lo sepamos. Los sistemas digitales ofrecen una vida sin resistencia, pero también sin tensión: la materia prima de la que surgen el carácter y el sentido. El peligro no es la tecnología en sí, sino su dirección moral: la conversión de la libertad en pasividad, de la creatividad en consumo. La humanidad corre el riesgo de convertirse, en el sentido nietzscheano, en un “último hombre poshumano”: técnicamente sofisticado, pero espiritualmente inerte.
Este nihilismo es sutil. No nace de la desesperación, sino de la satisfacción. Nietzsche previó esta paradoja: una civilización que se enorgullece de su progreso mientras deriva hacia la trivialidad. La cuestión ya no es si las máquinas nos sustituirán, sino si, al renunciar a la lucha y al riesgo, ya nos hemos sustituido a nosotros mismos.
Entre el último hombre y el superhombre: una elección
Nietzsche nunca propuso un rechazo de la modernidad; su preocupación era su espíritu. La tecnología, como toda creación humana, expresa nuestros valores. Puede servir tanto a la complacencia del último hombre como a la ambición creadora del superhombre. Las mismas redes digitales que distraen pueden también conectar; los algoritmos que adormecen pueden emplearse para explorar, inventar y transformar.
Pensar con Nietzsche hoy implica enfrentarse a una elección: permitir que la máquina inteligente nos domestique o usarla como medio de superación. El desafío es ético y estético a la vez: cultivar el arte de la afirmación en una era de automatización. El pensamiento de Nietzsche exige un compromiso activo con la vida, una aceptación del devenir en lugar de una retirada hacia la comodidad.
El superhombre, si llega a manifestarse, no rechazará la tecnología: la transfigurará, convirtiendo lo digital en un terreno de creación y no de consumo.
Conclusión: la profecía de Nietzsche y nuestro futuro
La visión de Nietzsche nunca fue meramente pesimista. Previó el triunfo del confort, pero también la posibilidad de un renacimiento. El mundo de las máquinas inteligentes ha realizado el sueño del último hombre, pero el desafío del filósofo sigue vigente: la humanidad debe decidir si se abandona a la complacencia mecánica o si se eleva hacia la afirmación creadora del superhombre.
Como dice Zaratustra:
“Amo a quienes no saben vivir si no es hundiéndose, pues ellos son los que cruzan.” (Prólogo, §4)
“Hundir-se” significa arriesgarse a la transformación; “cruzar”, afirmar lo desconocido. En este sentido, el pensamiento de Nietzsche sigue siendo una llamada al coraje: una invitación a recuperar la voluntad de crear en un mundo diseñado para suprimirla. La era de la máquina inteligente podría convertirse, aún, en el escenario donde la humanidad aprenda de nuevo a superarse.
Bibliografía
- Han, Byung-Chul. La sociedad del cansancio. Herder, 2012.
- Heidegger, Martin. La pregunta por la técnica. Harper Perennial, 1977.
- Nietzsche, Friedrich. Así habló Zaratustra. Trad. Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 2004.
- Nietzsche, Friedrich. La voluntad de poder. Trad. Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Tecnos, 1999.
- Postman, Neil. Tecnópolis: la rendición de la cultura a la tecnología. Barcelona: Ediciones de la Tempestad, 1994.

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