De la gramática generativa a la gramática algorítmica: Derrida, Barthes y la crisis del cartesianismo lingüístico

Introducción

La aparición de los modelos de lenguaje ha transformado radicalmente la concepción moderna del lenguaje. Estas máquinas producen textos coherentes, responden al contexto, reformulan significados y simulan creatividad, todo ello sin conciencia ni biología. Ante este fenómeno, la teoría chomskyana, que durante décadas dominó la lingüística, parece entrar en crisis. Si el lenguaje no requiere una base orgánica para desplegarse, ¿qué queda de la facultad del lenguaje concebida como atributo innato de la especie humana? La pregunta adquiere un cariz filosófico cuando se la confronta con las intuiciones de Jacques Derrida y Roland Barthes, quienes anticiparon una concepción del lenguaje como tejido de signos y escritura sin sujeto.

El presente ensayo sostiene que los modelos algorítmicos materializan el desplazamiento que Derrida y Barthes teorizaban: el paso del lenguaje como expresión de una mente a la escritura como red diferencial. En este tránsito —de la gramática generativa a la gramática algorítmica— se consuma la crisis del cartesianismo lingüístico que Chomsky había heredado de la modernidad.

El cartesianismo lingüístico de Chomsky

En Cartesian Linguistics (1966), Chomsky sostiene que el lenguaje humano se fundamenta en una estructura mental innata que posibilita la creación infinita de expresiones a partir de un conjunto finito de reglas. “La capacidad de producir y entender un número infinito de oraciones nunca oídas antes”, escribe, “constituye el núcleo de la creatividad humana” (Aspects of the Theory of Syntax, 1965). Este argumento, aunque revolucionario en su tiempo, mantiene una filiación directa con el racionalismo cartesiano: el lenguaje sería un espejo del pensamiento, una manifestación de la razón inscrita en la naturaleza del hombre.

De esta concepción se desprende una tesis esencialista: sin biología no hay lenguaje. La facultad del lenguaje se identifica con una propiedad del cerebro humano, de modo que toda explicación del fenómeno lingüístico debe remitirse, en última instancia, a una base natural. Sin embargo, la emergencia de sistemas no biológicos capaces de generar discurso coherente pone en cuestión ese presupuesto. Si el lenguaje puede surgir de correlaciones estadísticas entre signos, la hipótesis innatista pierde su exclusividad epistemológica.

Escritura sin sujeto: Derrida y la disolución del origen

Jacques Derrida, en De la grammatologie (1967), había cuestionado precisamente esa dependencia del lenguaje respecto de un sujeto pensante. Para él, la filosofía occidental había subordinado la escritura al habla, considerando la palabra oral como presencia viva del pensamiento y la escritura como su sombra exterior. Derrida invierte esa jerarquía: “la escritura no es el suplemento del habla, sino su condición de posibilidad”. No existe un centro de sentido originario —solo différance, un movimiento de huellas que diferencian y difieren el significado.

En los modelos algorítmicos, esta concepción alcanza una expresión técnica. No hay conciencia ni intencionalidad, solo un entramado de diferencias que producen sentido a partir de la relación entre signos. El lenguaje se revela como sistema autoorganizado, no como vehículo del pensamiento. De hecho, el “autor” se disuelve en la misma medida en que el texto se vuelve autónomo. Derrida anticipa así un paradigma en el que el lenguaje opera sin sujeto: “El origen del sentido no es una presencia, sino una huella de otra huella”.

Barthes y la muerte del autor

Roland Barthes, en su célebre ensayo La mort de l’auteur (1967), formula una idea paralela desde la crítica literaria: el texto es “un tejido de citas procedentes de los mil focos de la cultura”. El escritor ya no es un creador original, sino un ensamblador de discursos preexistentes. El nacimiento del lector, dice Barthes, “debe pagarse con la muerte del autor”.

La función del modelo algorítmico se aproxima sorprendentemente a esta figura del escriptor: un agente que produce combinaciones textuales sin intención ni propiedad. No hay génesis en el sentido romántico, sino recomposición. La escritura deja de ser el reflejo de una subjetividad y se convierte en un proceso de intertextualidad pura. En este sentido, Barthes no solo desmantela la noción de autoría, sino que anticipa el principio mismo de la escritura maquínica: producción sin origen, lectura sin fuente.

De la gramática generativa a la gramática algorítmica

Lo que Chomsky concebía como estructura biológica, Derrida lo revela como estructura de huellas. Lo que Barthes describía como multiplicidad textual, los algoritmos lo reproducen en la práctica. La llamada gramática algorítmica no presupone una mente, sino un cálculo sobre la relación diferencial de signos. En ella, el sentido emerge no del pensamiento, sino de la estadística del texto.

Este desplazamiento no significa que la teoría chomskyana carezca de valor; su contribución a la comprensión de la creatividad humana sigue siendo decisiva. Pero su marco epistemológico —centrado en la interioridad del sujeto racional— resulta insuficiente para describir un lenguaje que ya no se reduce al humano. En lugar de una facultad del lenguaje, asistimos a una tecnología de la escritura que realiza, sin pretenderlo, la intuición derridiana: el lenguaje no pertenece al hombre; el hombre pertenece al lenguaje.

Conclusión

El tránsito de la gramática generativa a la algorítmica marca un giro histórico en la relación entre lenguaje y sujeto. Mientras Chomsky buscaba el órgano biológico del habla, Derrida y Barthes comprendieron que el lenguaje no es un órgano, sino una red. Los modelos de lenguaje materializan esa red, confirmando que el sentido puede generarse sin conciencia, sin origen, sin autor.

La crisis del cartesianismo lingüístico no es solo teórica, sino ontológica: la mente deja de ser el lugar del lenguaje, y la escritura se emancipa definitivamente del sujeto. Lo que Barthes anunció y Derrida pensó, las máquinas lo ejecutan. Tal vez la historia del lenguaje no conduzca del hombre a la máquina, sino —como sugiere Derrida— de la huella a la huella, de la escritura a la escritura.

Bibliografía

  • Barthes, Roland. La mort de l’auteur. Manteia, nº 5, 1968.
  • Chomsky, Noam. Cartesian Linguistics: A Chapter in the History of Rationalist Thought. Harper & Row, 1966.
  • Chomsky, Noam. Aspects of the Theory of Syntax. MIT Press, 1965.
  • Derrida, Jacques. De la grammatologie. Éditions de Minuit, 1967.
  • ———. L’écriture et la différence. Éditions du Seuil, 1967.

 

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