Entre diecinueve y veinte: sincronía y diacronía — dos modos de entender la lengua

Entre diecinueve y veinte. AI image
Introducción

¿Por qué algunos numerales del español, como dieciséis, diecisiete, dieciocho y diecinueve, transparentan su composición interna (diez + número), mientras que otros —once, doce, trece, catorce y quince— no revelan esa estructura?
A primera vista, parece una irregularidad sin mayor importancia. Sin embargo, esta diferencia encierra una cuestión teórica profunda: ¿cómo puede un mismo sistema contener signos que evocan su composición y otros que la ocultan?

La respuesta depende del punto de vista desde el cual se observe la lengua. Desde una perspectiva histórica o diacrónica, el interés se centra en el origen y evolución de las formas. Desde una perspectiva sincrónica, en cambio, se analiza su funcionamiento actual, sin referencia a su pasado.

En el primer caso, el investigador reconstruye genealogías; en el segundo, el hablante simplemente usa los signos tal como existen en su lengua. Esta distinción, entre el estudio de la historia y el estudio del sistema, es el núcleo del giro metodológico propuesto por Ferdinand de Saussure.

La mirada diacrónica: genealogía de las formas

Desde la perspectiva diacrónica, las irregularidades entre los numerales del español se explican como herencias del latín. Formas como once, doce, trece, catorce y quince derivan de expresiones latinas (undecim, duodecim, tredecim, quattuordecim, quindecim), que con el tiempo se redujeron y opacaron su estructura. En cambio, dieciséis, diecisiete, dieciocho y diecinueve son creaciones más tardías, fruto de un proceso de regularización que buscaba mayor transparencia formal.

Desde este punto de vista, las irregularidades son residuos de un estadio anterior de la lengua, mientras que las formas regulares representan una tendencia hacia la sistematización. El lingüista histórico busca, por tanto, causas temporales y evolutivas: los nombres más antiguos, usados con mayor frecuencia, tienden a fijarse antes y conservar sus rasgos opacos.

Sin embargo, el hablante no piensa en el latín ni en las transformaciones fonéticas del pasado. Vive en el presente de su idioma, donde quince y diecinueve existen como signos con valores actuales. Este desplazamiento de la mirada —del origen a al sistema— marca el paso del análisis histórico al análisis sincrónico.

El giro copernicano: Saussure y la sincronía

Ferdinand de Saussure revoluciona la lingüística al afirmar que la lengua debe estudiarse en su estado actual, como un sistema de relaciones interdependientes. En el Curso de lingüística general, distingue dos modos de análisis: la diacronía, que estudia los cambios a lo largo del tiempo, y la sincronía, que analiza las relaciones entre los elementos coexistentes en un momento dado.

El hablante del español actual no posee la memoria del latín, sino la competencia estructural que organiza su lengua contemporánea. Por eso, la diferencia entre quince y dieciseis no se explica por su historia, sino por su funcionamiento dentro del sistema presente.

En este marco, dieciseis resulta analizable: está compuesto sintagmáticamente por diez y seis, y se asocia a otras formas del mismo modelo (dieciocho, veintinueve, diez mil).
Quince, en cambio, actúa como una unidad indivisible, sin partes reconocibles dentro del sistema actual. La diferencia entre ambos no es de origen, sino de estructura.

La motivación relativa: el orden interno del sistema

Saussure llama motivación relativa a este fenómeno: algunos signos, aunque arbitrarios en su origen, muestran cierta coherencia interna que permite reconocer su composición.
Cito el pasaje central del Curso:

“Así veinte es inmotivado, pero diecinueve no lo es en el mismo grado, porque evoca los términos de que se compone y otros que le están asociados, por ejemplo diez, nueve, veintinueve, diez y ocho, diez mil, etc. Tomados separadamente, diez y nueve están en las mismas condiciones que veinte, pero diecinueve presenta un caso de motivación relativa.” (cap. VI)

Lo esencial de esta observación es que no remite al pasado de las palabras, sino a su organización interna en el presente. Veinte funciona como un signo absolutamente arbitrario: no se descompone en unidades significativas. Diecinueve, en cambio, participa de una red de solidaridades sintagmáticas y asociativas que le otorgan una motivación parcial.

De este modo, Saussure matiza su célebre principio de la arbitrariedad del signo: la lengua no es un conjunto caótico de convenciones, sino un sistema donde las relaciones estructurales limitan lo arbitrario y permiten la estabilidad del significado.

En el sistema del español, los numerales once a quince y dieciséis a diecinueve encarnan dos polos complementarios: unos actúan como signos opacos, inmotivados; los otros, como combinaciones relativamente transparentes. El hablante no necesita saber latín para percibir esta diferencia: basta con que domine las oposiciones y asociaciones que sostienen su lengua.

Conclusión

La comparación entre quince y dieciseis revela dos modos de entender el lenguaje.
Para el lingüista histórico, la irregularidad es un vestigio de la evolución del latín.
Para Saussure, en cambio, es una diferencia sincrónica en el grado de motivación interna de los signos.

Lo que parece una simple curiosidad numérica se convierte, así, en una lección fundamental sobre la naturaleza del lenguaje. La lengua no es una colección de palabras con historia, sino un sistema autónomo de valores diferenciales, donde cada signo significa sólo por su posición en la red total.

Esa red, al mismo tiempo que descansa sobre la arbitrariedad, la regula: establece puntos de anclaje que hacen posible la significación —o, en términos lacanianos, ofrecen un punto de capitón frente a la deriva infinita del significante.

Bibliografía

  • Saussure, Ferdinand de. Curso de lingüística general. Trad. Amado Alonso. Buenos Aires: Losada, 1945.
  • Harris, Roy. Reading Saussure. London: Duckworth, 1987.
  • Joseph, John E. Saussure. Oxford: Oxford University Press, 2012.

 

 

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