La identidad del barco de Teseo: la lingüística sin sustancia de Saussure
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| El barco de Teseo. AI image |
Entre los experimentos mentales heredados de la Antigüedad, ninguno ha iluminado con tanta claridad el problema de la identidad y la persistencia como el barco de Teseo. Relatado por primera vez por Plutarco en la Vida de Teseo, el relato presenta un experimento tan sencillo como inquietante: los atenienses conservaron el barco de su héroe como monumento, reemplazando periódicamente las tablas deterioradas hasta que, con el tiempo, no quedó ningún material original. ¿Seguía siendo el mismo barco? La paradoja ha sido retomada desde entonces por pensadores como Hobbes y Locke, cada uno intentando determinar el fundamento de la identidad en medio del cambio.
Para Hobbes, el enigma se profundiza al imaginar un segundo barco construido con las tablas descartadas del primero. ¿Cuál de los dos sería entonces el verdadero barco? Este tipo de reflexión suele girar en torno a la forma y la sustancia: si la identidad reside en la continuidad de la materia o en la persistencia de la estructura. Sin embargo, quizá el problema mismo presupone demasiado —a saber, que existe alguna sustancia intrínseca, física o formal, a la que deba anclarse la identidad.
El giro copernicano de Saussure
El Curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure introdujo una revolución conceptual que puede ponerse en fructífero diálogo con esta antigua paradoja. Al desplazar el estudio del lenguaje de las sustancias (sonidos o ideas) hacia las relaciones, Saussure realizó, en efecto, un giro copernicano en la lingüística.
Saussure declaró célebremente:
“En la lengua misma no hay más que diferencias. Más importante todavía es el hecho de que, aunque en general una diferencia presupone términos positivos entre los cuales se establece, en una lengua sólo hay diferencias, y no términos positivos.”
El lenguaje, para Saussure, no está compuesto por entidades dadas de antemano con propiedades intrínsecas. Sus elementos adquieren valor únicamente en virtud de su posición dentro de un sistema de distinciones. Esto significa que el sentido no reside en una esencia estable, sino en el juego de diferencias que relaciona un signo con otro. Por esta razón, su teoría ha sido descrita como una forma de lingüística libre de sustancia.
Para aclarar esta idea contraintuitiva, Saussure recurrió a una analogía no lingüística:
“Si una calle es demolida y luego reconstruida, decimos que es la misma calle, aunque tal vez no quede físicamente nada o casi nada de la antigua. ¿Cómo puede una calle reconstruirse por completo y seguir siendo la misma? Porque no es una estructura puramente material. Posee otras características independientes de sus ladrillos y su mortero; por ejemplo, su situación en relación con las demás calles.”
La calle y el barco
La identidad de la calle, entonces, no se fundamenta en la continuidad material, sino en las relaciones posicionales: sus coordenadas dentro de una trama urbana. Su ser depende de aquello que la rodea y la diferencia. En este sentido, el ejemplo de Saussure anticipa la lógica del barco de Teseo y, al mismo tiempo, reconfigura sus términos. Para Saussure, la identidad no se asegura mediante la persistencia de la forma o la sustancia, sino mediante la estabilidad de una posición dentro de un sistema.
Si extendemos este razonamiento, el barco de Teseo sigue siendo “el mismo” no porque sus tablas conserven alguna esencia latente, ni porque su forma permanezca, sino porque continúa ocupando un determinado lugar diferencial dentro de una red cultural y lingüística: el nombre “barco de Teseo”, su función en los rituales atenienses, su referencia dentro de la memoria colectiva. La identidad del barco, al igual que la del signo lingüístico, es relacional, una función de sus coordenadas dentro de una estructura de diferencias.
Reinterpretado desde esta perspectiva, el barco de Teseo no perdura gracias a la supervivencia de una forma intrínseca o de una materia inmutable. Lo que persiste es la posición diferencial del signo “barco de Teseo” dentro de una red de relaciones culturales y lingüísticas que le confieren significado. Su identidad depende del contraste con otros barcos, otros mitos, otros símbolos cívicos. Mientras esta red de distinciones permanezca intacta, el barco sigue siendo “el mismo”. Cuando ese contexto relacional cambia —cuando los atenienses dejan de reconocerlo como ese barco—, su identidad se disuelve, aunque el objeto material subsista.
Más allá de la sustancia y la forma
La lingüística de Saussure invita, así, a una tercera manera de concebir la identidad, más allá de las alternativas clásicas de sustancia y forma. En la línea Plutarco–Hobbes, tanto la materia como la estructura se tratan como términos positivos cuya persistencia garantiza la identidad. Saussure, en cambio, sugiere que la identidad no tiene núcleo positivo alguno: es posicional, y surge únicamente dentro de una red de diferencias.
Aplicado al barco de Teseo, esto significa que el “ser” del barco no es una constante metafísica, sino un efecto relacional. La paradoja deja de inquietar cuando se abandona la búsqueda de una sustancia subyacente. Lo que perdura es la diferencia que sitúa al barco dentro de un sistema significativo, el conjunto de relaciones que lo distinguen de lo que no es. En este sentido, la identidad del barco, como la de una palabra, no está en la cosa, sino entre las cosas.
Conclusión
Saussure no ofrece una solución, sino una transformación del debate sobre el barco de Teseo. Mientras Plutarco y Hobbes preguntaban si la identidad reside en la materia o en la forma, Saussure respondería que no se halla en ninguna de ellas. La identidad no es una propiedad, sino una posición; no lo que algo es, sino cómo se diferencia. El barco, como la calle, como el signo lingüístico, persiste sólo mientras persista el sistema que sostiene su diferencia.
Desde esta perspectiva, la paradoja se disuelve no porque se resuelva, sino porque cambian sus presupuestos. La pregunta por qué es el barco cede el paso a la pregunta por dónde se sitúa: dentro de una red de relaciones, una estructura de diferencias, un lenguaje de identidad sin sustancia.
Referencias
- Plutarco. (1914). Vidas, Volumen I: Teseo y Rómulo; Licurgo y Numa; Solón y Publícola (trad. B. Perrin). Harvard University Press.
- Hobbes, T. (1655). De Corpore. Londres.
- Saussure, F. de. (1959). Curso de lingüística general (trad. W. Baskin). Philosophical Library.

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