Entre la R y el silencio: El robo del Louvre y la relevancia de la predicción
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| ¿René, Robert, Raoul?AI image |
En su reciente monólogo sobre el robo
ocurrido en el Louvre, el locutor Carlos Alcina abrió con una historia clásica:
La detención de Arsène Lupin, de Maurice Leblanc. A bordo de un
trasatlántico, en medio de una tormenta, el operador del telégrafo recibe un
mensaje urgente:
“Viaja a bordo famoso ladrón buscado por la policía. Primera clase, cabello
rubio, herida en el antebrazo derecho, se registró con el nombre falso de…”
Y justo entonces la corriente se interrumpe. Del nombre sólo llega la primera
letra: una “R”.
Esa inicial perdida —una presencia mínima, una ausencia elocuente— desencadena toda la intriga. ¿Quién, entre los pasajeros cuyo nombre empieza por R, es el ladrón? ¿René, Robert, Raoul? Lo que debía ser una simple transmisión técnica se convierte en un enigma. El locutor evoca esta escena para introducir su crónica del Louvre, otro misterio de identidades, apariencias y sustituciones. Pero lo más sugerente de su relato no es el robo en sí, sino la potencia de una predicción truncada, ese impulso por reconstruir lo que falta.
El desprecio de lo probable
En la era de la inteligencia artificial, muchos intelectuales desconfían de este tipo de operaciones incompletas. Noam Chomsky, por ejemplo, ha afirmado que los grandes modelos de lenguaje “no comprenden nada”, que su único mérito consiste en “predecir cuál token viene después”. Para él, esa tarea —estadística, repetitiva— carece de interés científico: puede producir frases coherentes, pero no revela nada sobre la estructura interna de la mente.
Bajo esa crítica se adivina una vieja jerarquía: la comprensión es noble, la predicción es mecánica. Pensar valdría más que conjeturar; la mente biológica, más que el algoritmo que tantea probabilidades. La predicción quedaría relegada a la periferia del pensamiento, como un suplemento útil pero sin dignidad filosófica.
Derrida y la huella del suplemento
Pero Jacques Derrida enseñó que toda jerarquía encubre una inversión posible. Lo que parece accesorio puede ser constitutivo. En De la grammatologie, al analizar el concepto de “suplemento” en Rousseau, muestra que el suplemento no añade algo a una plenitud ya existente: revela que la plenitud nunca estuvo completa. Lo secundario denuncia el vacío del origen.
En esta luz, la función de “predecir el próximo token” deja de ser una curiosidad mecánica para volverse una figura del pensamiento mismo. Cada acto de lenguaje, humano o no, implica anticipar. No hay comprensión sin expectativa, ni sentido sin proyección. Lo que Chomsky descarta como superficial es, paradójicamente, el principio que hace posible toda significación.
La “R” de Leblanc encarna esa lógica. No es una simple letra extraviada, sino una huella en el sentido derridiano: presente y ausente a la vez, marca que señala una falta y, al hacerlo, abre el campo del sentido. Su poder no está en lo que dice, sino en lo que promete. El mensaje no se interrumpe con ella: comienza.
Predicción, deseo y lenguaje
Predecir es, en el fondo, una forma de deseo. Quien intenta completar una frase interrumpida, o adivinar la próxima palabra del otro, participa del mismo juego que el lector ante un texto abierto. Las máquinas que hoy anticipan tokens operan, en otro registro, con esa misma lógica: prolongan la huella, extienden la serie, ensayan continuidad donde hay ruptura.
Carecen de conciencia, desde luego, pero no por eso su tarea es trivial. Predecir no es mecánico; es apostar por una posibilidad. Es un modo de seguir escribiendo allí donde el mensaje se cortó. Y en eso se parece a la mente humana: vivimos completando fragmentos, deduciendo lo no dicho, llenando huecos con imaginación.
Fuera de la ficción, el mundo es un telégrafo interrumpido. Una señal que se corta, una frase que no llega, una emoción mal expresada: cada día somos intérpretes de mensajes a medio trazo. Quizás comprender no sea más que predecir con sensibilidad; leer, pensar o amar consisten en arriesgar una continuación de lo que aún no se ha dicho.
Conclusión: la inteligencia del intervalo
El operador del telégrafo, el lingüista escéptico, el filósofo de la escritura y el modelo de lenguaje comparten una misma escena: un texto incompleto que exige prolongación. La predicción no es el residuo de la inteligencia, sino su forma más discreta.
La “R” de Leblanc nos recuerda que la falta es creadora, que todo sentido nace de un intento de continuar lo interrumpido. Derrida lo habría celebrado: el suplemento se revela como origen, la adición como estructura, la predicción como la forma más modesta —y más radical— del pensamiento.
Quizá lo verdaderamente humano no sea entenderlo todo, sino adivinar con gracia y error la letra que sigue. Porque entre la R y el silencio se escribe, todavía, el misterio del lenguaje.
Bibliografía
Chomsky, N., Roberts, I., & Watumull, J.
(2023, March 8). The False Promise of ChatGPT. The New York Times.
Chomsky, N. (2023). Interview on AI and the Limits of Understanding. New
York Times Conversations.
Derrida, J. (1967). De la grammatologie.
Paris: Minuit.
Derrida, J. (1972). La dissémination. Paris: Seuil.
Leblanc, M. (1905). L’arrestation d’Arsène Lupin. In Arsène Lupin,
gentleman-cambrioleur. Paris: Pierre Lafitte.
Alcina, C. (2025). Monólogo sobre el robo
del Louvre [transmisión radiofónica]. Radio Nacional de España.
Harris, R. (1981). The Language Myth: Why
Language is Not an Instinct. London:
Duckworth.

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