Los límites de la interpretación: del relativismo posmoderno a los rasgos distintivos
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| Pares mínimos. AI art |
Introducción: entre la flexibilidad y el límite
La afirmación posmoderna de que “todas las interpretaciones son igualmente válidas” ha ejercido un influjo decisivo en la filosofía y las ciencias sociales contemporáneas. Su atractivo reside en que, a primera vista, refleja experiencias comunes: lo que para una persona puede ser frío, para otra puede resultar cálido; lo que para unos es libertad, para otros puede ser restricción. Sin embargo, detrás de esta flexibilidad interpretativa se esconde una confusión fundamental: la dificultad de hacer explícitas ciertas categorías se toma como evidencia de que no existen límites. Este error conduce a un relativismo radical que desconoce el papel de la realidad como marco estructurante. Aunque conceptos como calor, amor o verdad no siempre puedan definirse con precisión conceptual, ello no implica que cualquier interpretación sea válida. Existen fronteras objetivas que, más allá de nuestras diferencias, imponen la categoría.
La confusión posmoderna
La genealogía de esta confusión suele remontarse a Nietzsche, quien escribió que “no hay hechos, solo interpretaciones”. El posmodernismo y el posestructuralismo llevaron esta frase a un extremo, negando jerarquías de validez. Así, cualquier afirmación tendría el mismo peso que su opuesto, y toda interpretación, por absurda que parezca, quedaría legitimada como “verdadera”.
El problema no estriba en la inexistencia de categorías, sino en la dificultad de traducir en palabras lo que los sujetos manejan con naturalidad a nivel implícito. De ahí surge la confusión: si no podemos definir con exactitud qué es amor, calor o libertad, se concluye que no existen límites y que toda interpretación es igualmente aceptable.
El ejemplo de la temperatura
El caso de la temperatura ilustra con claridad este fenómeno. Para una persona, 20 °C puede sentirse como un día cálido; para otra, como un día fresco. Ambas percepciones son legítimas dentro de un rango de variación. Pero si ambas llegan a Sevilla en pleno agosto, bajo un sol de 45 °C, ninguna podrá sostener que se trata de frío. Aquí la flexibilidad desaparece: la realidad impone el límite categorial.
Este ejemplo revela que existe un espacio de subjetividad en el interior de las categorías, pero también fronteras objetivas que no pueden ignorarse. La dificultad de definir con exactitud no borra esas fronteras; simplemente muestra que nuestro conocimiento explícito es menos afinado que nuestra percepción implícita.
Un trasfondo fonológico: Jakobson y Trubetzkoy
La fonología estructural ofrece un marco útil para entender este equilibrio. Según Jakobson y Trubetzkoy, los fonemas no son unidades indivisibles, sino combinaciones de rasgos distintivos mínimos. El fonema /p/, por ejemplo, se caracteriza como oclusivo, bilabial y sordo. Dentro de esa categoría caben distintas realizaciones alofónicas: /p/ aspirado, más fuerte o más débil, pero siempre reconocible como /p/. Ahora bien, si uno de sus rasgos distintivos cambia —si deja de ser [–sonoro] y pasa a [+sonoro]— ya no es /p/, sino /b/.
La analogía con los conceptos es inmediata. “Frío” y “calor” funcionan como fonemas: categorías abstractas. Pueden existir variantes alofónicas dentro de un mismo marco, pero si la temperatura alcanza 50 °C en el Sahara, nadie podría clasificarla como “frío” sin perder la inteligibilidad de la categoría.
Conocimiento implícito y explícito
Aquí conviene recordar la observación de Saussure en el Cours de linguistique générale:
“Sin duda los sujetos hablantes no conocen esta dificultad; todo lo que sea significativo en un grado cualquiera les resulta elemento concreto y lo distinguen infaliblemente en el discurso. Pero una cosa es sentir ese juego rápido y delicado de unidades, y otra darse cuenta de él por medio de un análisis metódico.”
Los hablantes saben de manera implícita distinguir /p/ de /b/, aunque no puedan describirlo en términos técnicos. Del mismo modo, las personas saben identificar un calor insoportable o un frío extremo sin necesidad de definirlos científicamente. La dificultad para hacer explícito este conocimiento no elimina su validez práctica.
Implicaciones filosóficas
El relativismo posmoderno confunde la imposibilidad de una definición exacta con la inexistencia de límites objetivos. Sin embargo, la realidad impone rasgos distintivos que estructuran nuestras categorías. Ignorarlos equivale a negar la inteligibilidad misma del mundo, como si /p/ y /b/ pudieran confundirse libremente sin consecuencias para la comunicación.
Reconocer la flexibilidad interpretativa es compatible con aceptar la existencia de categorías, siempre y cuando seamos capaces de distinguir entre variaciones internas y cambios categoriales. El error no está en admitir la diversidad de interpretaciones, sino en suponer que todas tienen el mismo valor.
Conclusión
La tesis posmoderna de que todas las interpretaciones son iguales no resiste la prueba de los hechos. La experiencia cotidiana muestra que, aunque la subjetividad tenga espacio dentro de un marco flexible, ese marco tiene límites infranqueables. La fonología de Jakobson y Trubetzkoy nos ofrece un modelo útil para comprender este fenómeno: los conceptos funcionan como fonemas, con alófonos que permiten variación, pero definidos por rasgos distintivos que no se pueden alterar sin cambiar de identidad.
Confundir la dificultad de conceptualizar con la inexistencia de límites es el error central del posmodernismo. La tarea filosófica, por el contrario, consiste en reconocer ese conocimiento implícito y encontrar modos de hacerlo explícito sin caer en el relativismo absoluto.
Bibliografía
- Jakobson, R., & Halle, M. (1956). Fundamentals of Language. The Hague: Mouton.
- Trubetzkoy, N. S. (1939). Grundzüge der Phonologie. Göttingen: Vandenhoeck & Ruprecht.
- Nietzsche, F. (1882). Die fröhliche Wissenschaft. Leipzig: E.W. Fritzsch.
- Foucault, M. (1961). Histoire de la folie à l’âge classique. Paris: Plon.
- Derrida, J. (1967). De la grammatologie. Paris: Minuit.
- Harris, R. (1987). Reading Saussure: A Critical Commentary on the Cours de linguistique générale. London: Duckworth.

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