Modelos, lengua y realidad: Chomsky y Saussure en diálogo

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Introducción

La realidad está ahí, pero rara vez entramos en contacto directo con ella. Los seres humanos —y en especial los científicos— trabajamos con construcciones intermedias: teorías, gráficos, esquemas, hipótesis. Estos artefactos no duplican lo real, sino que lo organizan y lo vuelven comprensible. Noam Chomsky ha insistido en que el conocimiento avanza mediante modelos que simplifican fenómenos complejos, y que sólo ocasionalmente se contrastan de nuevo con la experiencia bruta. Algo semejante plantea Ferdinand de Saussure cuando distingue entre el lenguaje en general (langage) y la lengua (langue), entendida como sistema mental compartido por una comunidad. En ambos casos se trata de modelos: representaciones internas que median nuestra relación con el mundo.

Ciencia y modelos: Chomsky y el ejemplo de las abejas

El ejemplo de las abejas es uno de los más citados por Chomsky. Al observar su comportamiento sin una guía previa, lo que aparece es caos: miles de movimientos aparentemente arbitrarios, imposibles de interpretar. El investigador no “ve” la realidad desnuda; lo que hace es apoyarse en descripciones y teorías heredadas. Sólo en momentos críticos —cuando los datos no encajan con lo establecido— se regresa a la observación directa para corregir o perfeccionar los modelos.

Chomsky lo formula de manera clara: “Lo que realmente producimos son teorías o modelos que de algún modo corresponden a la realidad, pero que nunca la capturan en su complejidad total” (Chomsky, 2000, p. 77). El científico, pues, no reproduce lo dado, sino que construye representaciones simplificadas que permiten trabajar con fenómenos de una complejidad inmensa.

Este punto relativiza la imagen clásica de la ciencia como un espejo transparente de la naturaleza. Lo que tenemos son herramientas conceptuales que organizan la experiencia. El contacto con lo real existe, pero ocurre de manera puntual, cuando es necesario reajustar el aparato teórico. La vida cotidiana del investigador transcurre dentro de modelos, no en el flujo inmediato de lo observable.

Saussure: langue, signo, significado y valor

Un razonamiento paralelo se encuentra en la teoría del signo. Saussure rechaza la idea de que el lenguaje sea una simple lista de nombres para cosas: “Para ciertas personas, la lengua, reducida a su principio esencial, es una nomenclatura, esto es, una lista de términos que corresponden a otras tantas cosas. Esta concepción es criticable por muchos conceptos. Supone ideas completamente hechas preexistentes a las palabras; no nos dice si el nombre es de naturaleza vocal o psíquica […]; por último, hace suponer que el vínculo que une un nombre a una cosa es una operación muy simple, lo cual está bien lejos de ser verdad” (Saussure, 1916/2005, p. 91). El vínculo fundamental no es con la realidad externa, sino con representaciones mentales.

Además, Saussure insiste en que cada unidad de la lengua se define por contraste con las demás. “Como la palabra forma parte de un sistema, está revestida, no sólo de una significación, sino también, y sobre todo, de un valor, lo cual es cosa muy diferente” (Saussure, 1916/2005, p. 139). El signo, entonces, tiene una doble dimensión: por un lado, remite a un concepto (significación); por otro, obtiene su identidad por su posición en la red de diferencias (valor).

Esta perspectiva explica por qué Saussure centra su interés en la langue: la lengua como sistema interiorizado, compartido por los hablantes, que funciona como un modelo mental del lenguaje. Cada usuario posee en su mente una copia de ese mecanismo, lo que hace posible la comunicación. Al igual que el científico, el hablante no se relaciona con lo real de forma inmediata, sino mediante un modelo organizado y compartido que le da coherencia.

La lingüística como ciencia de modelos

La lingüística, en cuanto disciplina, se sitúa en la misma lógica que las ciencias naturales: describe mediante modelos. Su objeto de estudio no es el mundo externo directamente, sino el sistema interiorizado que hace posible hablar y comprender. De ahí que Saussure privilegie el análisis del valor, porque es en la estructura de relaciones internas donde el lenguaje se vuelve inteligible para la ciencia.

Sin embargo, es un error pensar que Saussure reduce el signo a pura diferencia. Aunque algunas corrientes posteriores absolutizaron la faceta del valor, él mismo reconoce que los signos tienen también, como vimos arriba, significación: “el signo tiene no sólo una significación, sino también un valor” (Saussure, 1916/2005, p. 139). Lo que le interesaba no era negar el vínculo con la realidad, sino mostrar que la especificidad del lenguaje se encuentra en su mecanismo interno, en cómo los signos se definen unos frente a otros dentro del sistema.

Paralelismos entre ciencia, lenguaje y modelos mentales

La comparación permite trazar una convergencia. El científico estudia el mundo a través de teorías que condensan observaciones previas; el hablante se comunica gracias a un sistema interiorizado que organiza las palabras y les confiere valor. En ambos casos, la interacción con la realidad está mediada por modelos.

Lo fundamental no es negar la existencia de lo real —ni las abejas, ni los objetos nombrados por las palabras desaparecen—, sino reconocer que el acceso humano pasa por mediaciones. Tanto la teoría científica como la lengua son construcciones que simplifican, organizan y hacen posible la comprensión. Y en ambos casos, la realidad se convierte en referencia ocasional, punto de ajuste, pero no en objeto directo de la práctica ordinaria.

Esta visión también permite matizar lecturas unilaterales. En lingüística, insistir solo en el valor lleva a ignorar la dimensión de la significación; en filosofía de la ciencia, creer que los modelos son meros espejos de lo real desconoce su carácter provisional y construido. La clave está en mantener ambas caras: significación y valor, teoría y observación, modelo y realidad.

Conclusión

Tanto en la ciencia como en el lenguaje, lo que domina nuestra experiencia no es el contacto directo con el mundo, sino la mediación de modelos. Chomsky subraya que el investigador trabaja con teorías que se actualizan solo cuando chocan con la observación. Saussure muestra que los signos existen en un sistema interiorizado, donde cada unidad tiene significación y, sobre todo, valor.

La analogía es clara: los modelos científicos y la langue son sistemas mentales que nos permiten navegar la complejidad. Ambos simplifican, ambos ordenan, y ambos se ajustan ocasionalmente frente a la resistencia de lo real. Reconocer este carácter mediado es crucial para comprender cómo pensamos y cómo hablamos.

Lejos de alejarnos de la realidad, los modelos son la condición misma para interactuar con ella. Constituyen el puente entre el caos de lo dado y la inteligibilidad que hace posible la ciencia, la comunicación y, en última instancia, la vida en común.

Referencias

  • Chomsky, N. (2000). New Horizons in the Study of Language and Mind. Cambridge University Press.
  • Saussure, F. de (1916/2005). Curso de lingüística general (A. Alonso, trad.). Losada.

 

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