Los estados flipbook de la tecnología: gestaciones culturales y revoluciones futuras

El cine de pulgar. AI image
Introducción

Los grandes inventos rara vez se originan de manera súbita. Más bien, parecen atravesar un periodo de incubación, en el que aparecen técnicas preliminares o dispositivos embrionarios que anuncian lo que está por venir. Como en un embarazo, la humanidad experimenta “dolores de parto” culturales antes de dar a luz a una nueva era tecnológica. Un niño que hojea un folioscopio y se ríe porque el perro parece caminar no imagina que está jugando con el germen del cine. Del mismo modo, quien usaba el autocompletado de Word o de Google hace veinte años no podía prever que estaba ante el principio que daría lugar a los actuales modelos de lenguaje. Este artículo explora algunos de estos momentos embrionarios —el cine, la inteligencia artificial, la imprenta—, plantea un marco teórico para comprenderlos y se pregunta: ¿cuáles son nuestros flipbooks actuales?

Del folioscopio al cine: el germen del movimiento

El folioscopio o cine de pulgar es un juguete sencillo: una secuencia de dibujos ligeramente diferentes que, al pasar las páginas rápidamente, crean la ilusión de movimiento. Su secreto es la persistencia de la visión, por la cual el ojo humano retiene un estímulo visual durante una fracción de segundo. Aunque ingenuo, el libro animado anticipaba la lógica interna del cine: un flujo continuo creado a partir de imágenes discretas. Como señaló Tom Gunning (1990), el cine temprano fue un “espectáculo de atracciones”, más cercano a la magia y el asombro que al arte narrativo. El flipbook pertenece a esa misma genealogía de asombro técnico que, décadas más tarde, cristalizó en el dispositivo cinematográfico de los hermanos Lumière.

Del autocompletado a los modelos de lenguaje: el germen de la predicción

Algo parecido ocurrió con la inteligencia artificial lingüística. Mucho antes de ChatGPT o Gemini, ya existían sistemas que anticipaban letras y palabras: el autocompletado en los buscadores de internet, el predictor de texto en los SMS, o la corrección automática en procesadores de texto. Su lógica era rudimentaria pero clara: dado un contexto parcial, sugerir la secuencia más probable. Los LLM actuales no hacen otra cosa en su núcleo —predecir el siguiente token—, aunque lo hacen con billones de parámetros y corpus masivos. Emily Bender (2021) ha subrayado que los LLM son “stochastic parrots”, loros estadísticos que amplifican esta capacidad predictiva. Sin embargo, lo decisivo aquí es que los sistemas de autocompletado eran ya, sin que lo supiéramos, nuestros flipbooks lingüísticos.

La imprenta y sus precursores: de sellos a tipos móviles

La imprenta de Gutenberg (ca. 1450) transformó radicalmente la cultura escrita, pero no nació de la nada. Su evolución revela un proceso de gestación milenario. En Mesopotamia se usaban cilindros sellos para repetir inscripciones. En China, desde el siglo VII, se practicaba la xilografía sobre papel. En la Europa tardomedieval existían los block books, páginas enteras talladas en madera. Cada técnica resolvía parcialmente el problema de la reproducción múltiple, pero sin alcanzar la modularidad de los tipos móviles. Gutenberg, al separar cada letra en un bloque reutilizable, llevó a su madurez un proceso incubado durante siglos. Como afirma Eisenstein (1979), la imprenta no fue un accidente, sino la respuesta a una necesidad cultural: multiplicar y difundir textos en una Europa hambrienta de escrituras religiosas, jurídicas y científicas.

Marco teórico: el embarazo de la humanidad

La metáfora del embarazo cultural puede dialogar con varias teorías sobre la ciencia y la técnica.

  • Thomas Kuhn (1962) mostró que la ciencia progresa por “revoluciones” que siguen periodos de crisis: cuando los problemas no se pueden resolver con el paradigma existente, surge la necesidad de una nueva matriz conceptual. Los inventos encajan en esta lógica de “dolores de parto” antes de un cambio.
  • Gilbert Simondon (1958) habló de la “génesis de los objetos técnicos”: cada objeto pasa por estados de individuación, primero híbridos y torpes, luego más coherentes. El folioscopio sería un estadio híbrido, el cine un objeto ya individuado.
  • Robert K. Merton (1973) estudió la “invención múltiple”: descubrimientos como el cálculo o la teoría de la evolución emergieron simultáneamente en distintos lugares, lo que sugiere una maduración colectiva de las condiciones.
  • Incluso en clave hegeliana, podría decirse que cada época tiene un Zeitgeist que empuja hacia ciertos desarrollos inevitables. La humanidad, en su seno, gesta las técnicas que necesita.

Estas teorías dan fundamento a la intuición: antes de cada gran salto, hay un estado embrionario donde la necesidad ya se anuncia.

Embriones tecnológicos actuales

¿Qué técnicas actuales podrían ser nuestros flipbooks del futuro?

  1. Interfaces cerebro-computadora (BCI). Hoy son experimentales, con electrodos que permiten mover un cursor o escribir lentamente. Pero podrían devenir en una comunicación mente-máquina fluida, capaz de transformar el lenguaje mismo.
  2. Computación cuántica. Actualmente limitada y costosa, pero con potencial de abrir horizontes en simulación, materiales y descubrimientos científicos. Como los block books, son grandes, lentos y caros, pero revelan la lógica de lo que vendrá.
  3. Biología sintética y edición genética. CRISPR ya permite intervenciones quirúrgicas sobre el ADN, pero estamos aún en los albores de un rediseño biológico que podría cambiar radicalmente la vida humana.
  4. Realidad aumentada y mundos persistentes. Hoy parecen juguetes o experiencias incómodas, pero podrían madurar hasta convertirse en un nuevo medio cultural, como ocurrió con el cine.
  5. Robótica generalista. Los robots domésticos actuales apenas aspiran, barren o cargan objetos, pero anticipan un futuro de agentes autónomos polivalentes.

Cada una de estas técnicas muestra rasgos de inmadurez, pero también una lógica germinal que, en décadas, podría cristalizar en revoluciones.

Conclusión

El niño que hojea un cine de pulgar, el oficinista que agradece el autocompletado de Word o el monje que imprime un block book no son conscientes de estar tocando los embriones de futuras revoluciones. Sin embargo, esos pequeños gestos revelan la lógica de la historia de la técnica: la humanidad primero gesta en lo rudimentario lo que luego cristalizará en lo monumental.
Aprender a leer nuestros flipbooks presentes —la computación cuántica, la biología sintética, las interfaces cerebrales— es quizás la mejor manera de vislumbrar el cine, la imprenta o la IA del mañana. Tal vez, como escribió Simondon (1958), “comprender la génesis de lo técnico es comprender también la génesis de lo humano”.

Referencias

  • Bender, E., Gebru, T., McMillan-Major, A., & Shmitchell, S. (2021). On the Dangers of Stochastic Parrots: Can Language Models Be Too Big?. Proceedings of FAccT.
  • Eisenstein, E. (1979). The Printing Press as an Agent of Change. Cambridge University Press.
  • Gunning, T. (1990). The Cinema of Attractions: Early Film, Its Spectator and the Avant-Garde.
  • Kuhn, T. (1962). The Structure of Scientific Revolutions. University of Chicago Press.
  • Merton, R. K. (1973). The Sociology of Science: Theoretical and Empirical Investigations. University of Chicago Press.
  • Simondon, G. (1958). Du mode d’existence des objets techniques. Aubier.

 

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