De actores a YouTubers: Benjamin, Baudrillard y la autenticidad digital

Actores y streamers. AI art
Introducción

Walter Benjamin describió en La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica cómo las tecnologías modernas estaban transformando el arte y la representación. Una de sus observaciones más lúcidas fue la diferencia entre el actor teatral, que se presenta corporalmente ante un público, y el actor cinematográfico, cuyas palabras y gestos son fragmentados por la cámara y luego recompuestos. Medio siglo después, Jean Baudrillard profundizó este análisis en Simulacra and Simulation (1981/1994), al sostener que las imágenes ya no representan la realidad, sino que la generan. Ambos pensadores nos ofrecen claves para comprender a las nuevas figuras de la era digital—youtubers, tiktokers y streamers—que se mueven en un terreno donde la actuación es a la vez íntima y mediada, espontánea y escenificada.

Escenario y pantalla

Benjamin consideraba el escenario como el ámbito de la presencia. El actor teatral se dirige al público de manera directa, y ese encuentro irrepetible da lugar al aura. El cine lo cambia todo. El intérprete ya no se enfrenta al espectador, sino al objetivo de la cámara; la actuación se descompone en planos y tomas, que luego se ensamblan en un montaje. El público deja de identificarse con el actor y adopta la perspectiva del aparato: “Por consiguiente, el público adopta la posición de la cámara; su mirada es la de un jurado evaluador” (Benjamin, 1969/1935, p. 229- mi traducción).

Pirandello describió con precisión el extrañamiento que resulta de ello: “El actor cinematográfico se siente como en el exilio: exiliado no solo del escenario, sino también de sí mismo... su cuerpo pierde su corporeidad, se evapora” (citado en Benjamin, 1969/1935, p. 231- mi traducción). El aura, ligada a la presencia, no sobrevive a la mediación de la cámara. Lo que perdura es una imagen reproducible, que con el tiempo alimenta el culto a la estrella cinematográfica.

Representación y simulación

Baudrillard proporciona un lenguaje para describir esta transformación. La representación aún presupone un vínculo con lo real. La simulación rompe ese lazo: los signos ya no reflejan el mundo, lo producen. El papel cinematográfico editado no es simplemente el registro de una actuación; se convierte en un constructo autónomo, un efecto de realidad.

En Simulacra and Simulation, Baudrillard distingue cuatro fases de la imagen: reflejar la realidad, deformarla, enmascarar su ausencia y, finalmente, devenir puro simulacro (Baudrillard, 1994, p. 6). El cine, especialmente en la descripción de Benjamin, ya se adentra en estas últimas fases. El actor no ofrece un personaje, sino una concatenación de signos reforzados por la publicidad y el fandom, que producen la hiperrealidad del estrellato.

Intérpretes digitales y la “autenticidad curada”

¿Qué ocurre, entonces, con los creadores digitales de hoy? Su situación hereda rasgos de ambas tradiciones. Los streamers recrean una sensación de inmediatez, evocando el contacto directo del actor teatral con el público. Al mismo tiempo, sus contenidos pasan por cámaras, micrófonos y ediciones, como en el cine. Pero hay un nuevo agente decisivo: el algoritmo, que actúa como editor invisible y selecciona qué piezas llegan a ser vistas, recombinando la visibilidad en función de la atención que capturan.

Lo que distingue a estas figuras no es la actuación en sí, sino la labor constante de producir lo que podríamos llamar una autenticidad curada. El vlog presentado como casual, el podcast con tono de charla relajada o el clip de TikTok que parece improvisado son, en realidad, el resultado de ensayo, montaje y afinación algorítmica. El efecto no es el aura de Benjamin, sino su simulación: una intimidad calculada que pretende parecer espontánea.

Ejemplos abundan: desde los videos en los que un creador finge haber encendido la cámara “por accidente”, hasta los streams en vivo que incluyen pausas y torpezas ensayadas. El público percibe cercanía precisamente en esos gestos, diseñados para transmitir naturalidad.

Alienación reconsiderada

Benjamin describió la alienación como el exilio del actor respecto de su propia presencia, disuelta en imágenes. En la economía digital actual, esa alienación es más profunda. No solo desaparece el aura: también se erosiona la noción de un yo privado. La vida misma se convierte en materia prima para clips, historias y transmisiones. Los números—likes, vistas, seguidores—se vuelven la medida de la autenticidad y del valor simbólico.

Lo que parece una recuperación del aura es, en realidad, su sustituto escenificado. La presión consiste en vivir permanentemente como contenido, sin poder salir del papel de uno mismo. En este sentido, el algoritmo no solo distribuye videos: prescribe estilos de vida, define qué formas de intimidad son visibles y cuáles quedan en la sombra.

Conclusión

La distinción de Benjamin entre el teatro y el cine trazó el declive del aura; Baudrillard diagnosticó el triunfo de la simulación. El nuevo intérprete digital se sitúa en la encrucijada: mitad escenario, mitad pantalla, pero en última instancia operando en la hiperrealidad. Lo que ofrece no es presencia, sino su imitación—una autenticidad empaquetada y optimizada para circular.

La ironía es evidente. El aura, que Benjamin creyó irrecuperable, retorna hoy en forma de simulacro. Y el público, al consumir esa autenticidad fabricada, no solo la acepta: la toma como modelo de lo que significa ser “real”.

Referencias

Baudrillard, J. (1994). Simulacra and simulation (S. F. Glaser, Trans.). University of Michigan Press. (Original work published 1981).
Benjamin, W. (2008). The work of art in the age of its technological reproducibility, and other writings on media (M. W. Jennings, B. Doherty, & T. Y. Levin, Eds.; E. Jephcott et al., Trans.). Harvard University Press. (Original work published 1935).
Pirandello, L. (2001). Shoot! (Si Gira) (C. Sugden, Trans.).
Eridanos Press. (Original work published 1915).

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