Metáforas Blancas: Derrida sobre mito, filosofía e ilusión
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| Sólo huellas. AI art |
Cuando Jacques Derrida publicó La mitología blanca: la metáfora en el texto de la filosofía en 1971, hizo temblar los cimientos de la metafísica occidental. Durante siglos, la filosofía se había enorgullecido de hablar literalmente, distinguiéndose de la retórica y de la poesía. Sin embargo, Derrida sostiene que la filosofía está atravesada por metáforas, y que sus conceptos centrales son tropos sedimentados cuyo poder figurativo ha sido borrado. La afirmación más vívida e inquietante del ensayo es que la filosofía es una mitología blanca: una mitología que se ha olvidado de sí misma, que aparece como razón universal mientras porta las huellas del mito indoeuropeo.
Aristóteles y el sueño de lo propio
En el centro del análisis derridiano se halla una definición canónica:
“La metáfora (metaphora) consiste en dar (epiphora) a una cosa un nombre (onomatos) que pertenece a otra. La transferencia puede ser del género a la especie, de la especie al género, de una especie a otra especie, o en virtud de una analogía” (Poética, 1457b6–9).
Para Aristóteles, la metáfora es una transferencia: un nombre que migra más allá de su lugar propio. Esto presupone que existe un lenguaje no metafórico, en el cual cada ente posee su designación auténtica. La metáfora es secundaria, una desviación de lo literal. La filosofía, heredando este marco, se concibe como guardiana de un lenguaje propio, siempre en búsqueda de un discurso despojado de ornamentos retóricos.
El mito del lenguaje no metafórico
Derrida expone la incoherencia de esta búsqueda. La propia noción de “lenguaje no metafórico” está sostenida por metáforas: hablamos del fondo del ser, de la luz de la razón, de los fundamentos del conocimiento. Estos términos se presentan como literales, aunque en realidad son imágenes heredadas y naturalizadas con el tiempo.
Se produce así una paradoja. La metafísica denuncia la metáfora, pero depende de ella. Define la metáfora como un uso defectuoso de las palabras, pero esa definición presupone la distinción entre lo propio y lo impropio, distinción ya estructurada por la figuración. Metafísica y metáfora quedan entonces atrapadas en lo que Derrida llama antagonismo recíproco: la filosofía no puede prescindir de la metáfora, aunque constantemente niegue esa dependencia.
El blanqueamiento de la metáfora
¿Por qué habla Derrida de “mitología blanca”? La metáfora proviene del Jardín de Epicuro de Anatole France, donde los metafísicos son comparados con afiladores de cuchillos que borran las figuras de las monedas. Al desgastar la imagen, las monedas parecen ganar valor universal mientras pierden su singularidad. De igual modo, los conceptos filosóficos son metáforas pulidas hasta el punto de volverse invisibles. Su origen mítico permanece como traza latente, oculto pero no eliminado.
Nietzsche ya había descrito la verdad como “un ejército móvil de metáforas, metonimias, antropomorfismos” que se han desgastado como monedas hasta parecer verdades fijas. Hegel, por su parte, había observado cómo las metáforas vivas mueren por el uso repetido, volviéndose indistinguibles de los términos literales. Derrida radicaliza estas intuiciones al sugerir que no existe una distinción definitiva entre lo literal y lo metafórico. Lo que aparece como blanco, neutral y universal es en realidad el residuo de figuras borradas.
La filosofía como mito invisible
La consecuencia es sorprendente: la filosofía es mito sin reconocerse como tal. La tradición occidental toma su propio idioma mítico —su herencia lingüística indoeuropea— y lo proyecta como logos universal. Lo que la metafísica llama razón ya está inscrito con mito, blanqueado por el olvido.
Más aún, cualquier intento de construir una teoría general de la metáfora fracasa. El concepto mismo de metáfora es metafórico —metaphora significa “transferencia.” No es posible salir de la figuración para clasificarla desde un punto de pureza. Siempre quedará al menos una metáfora —“la metáfora de la metáfora”— que escapa a toda sistematización. El sueño de una metaforología completa se desmorona desde dentro.
Conclusión
El ensayo de Derrida revela que la filosofía no es el medio transparente que imagina ser. Los conceptos que definen su empresa —verdad, ser, fundamento, presencia— son metáforas fosilizadas. Al blanquearlas, la filosofía enmascara su dependencia figurativa, recodificando el mito como racionalidad universal.
Reconocer esto no significa reducir la filosofía a poesía, sino aceptar que la razón es inseparable de la retórica. La filosofía no está libre del mito; es, en palabras de Derrida, una mitología blanca que ensambla y refleja la cultura occidental. La provocación es que lo que la filosofía llama pensamiento puro está habitado por figuras olvidadas, y su sueño de un lenguaje literal es, él mismo, una ilusión metafórica.
Nota sobre el término “blanco”: Con “blanco”, Derrida alude a dos procesos. Por un lado, al desgaste de las metáforas que, como monedas pulidas, han perdido su figura y parecen neutras. Por otro, a la ilusión de transparencia y universalidad que oculta su origen mitológico. Lo “blanco” nombra la aparente neutralidad que en realidad encubre la historia de metáforas borradas.
Bibliografía
Aristóteles. (1995). Poética (S. Halliwell, Trad.). Harvard University Press.
Derrida, J. (1974). La mitología blanca: la metáfora en el texto de la filosofía (F. C. T. Moore, Trad.). New Literary History, 6(1), 5–74.
France, A. (1908). El jardín de Epicuro (A. Allinson, Trad.). John Lane.
Hegel, G. W. F. (1975). Estética: Lecciones sobre el arte (T. M. Knox, Trad.). Oxford University Press.
Nietzsche, F. (1979). Sobre verdad y mentira en sentido extramoral. En D. Breazeale (Ed.), Filosofía y verdad (pp. 79–97). Humanities Press.

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