Aura y simulacro: Benjamin, Derrida, Baudrillard y las imágenes generadas por IA

Introducción
El auge de la inteligencia artificial como medio creativo ha desestabilizado nuestras categorías de arte, autenticidad y reproducción. A diferencia de las tecnologías anteriores que reproducían obras ya existentes, los sistemas generativos fabrican imágenes a partir de indicaciones textuales, datos y algoritmos, sin un origen identificable. Este desarrollo invita a reconsiderar las reflexiones de Walter Benjamin sobre la reproducción técnica, la noción de différance de Jacques Derrida y el concepto de simulacro de Jean Baudrillard. Juntos, estos enfoques permiten ver que la IA no prolonga simplemente la trayectoria de la reproducción, sino que inaugura un nuevo modo de producción cultural que trasciende aura, origen y referencia.
Benjamin y la crisis del aura
El célebre ensayo de Walter Benjamin, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (1936/2008), distinguía entre la copia manual y la reproducción tecnológica. Copiar a mano—ya fuese por aprendices, escribas o falsificadores—producía versiones singulares de una imagen, siempre marcadas por el toque humano. Tales imitaciones, aunque subordinadas, conservaban algo de la singularidad del original. En contraste, la reproducción técnica permitía una multiplicación ilimitada y estandarizada. Como observó Benjamin:
“Hacia 1900, la reproducción técnica había alcanzado un nivel que no solo le permitía reproducir todas las obras de arte transmitidas … sino que también había conquistado un lugar propio entre los procesos artísticos” (Benjamin, 2008, p. 23).
Esta innovación socavaba el aura de la obra: su presencia irrepetible en el tiempo y el espacio. Sin embargo, paradójicamente, la fotografía y el cine—nacidos como tecnologías de reproducción—evolucionaron en formas artísticas autónomas. Lo que parecía secundario se volvió primario, mientras que la tradición artesanal de la copia manual cayó en la obsolescencia. Benjamin diagnosticó esto como un síntoma de la modernidad: la reproducción dejó de ser derivativa para convertirse en constitutiva del arte mismo.
Derrida y la cuestión del origen
El marco de Benjamin, no obstante, se apoya en la suposición convencional de que un “original” precede a la copia o a la reproducción. Jacques Derrida cuestiona precisamente esta idea en De la gramatología (1967/1997). Para él, el lenguaje no se funda en un origen, sino en la différance: un juego de huellas, diferimientos y suplementos que socava la metafísica de la presencia. La escritura—concebida como arche-écriture—no registra un significado preexistente, sino que constituye sentido a través de la inscripción iterable.
Las imágenes generadas por IA ejemplifican esta lógica. No reproducen un original único, sino que emergen de la recombinación estadística de incontables huellas previas incrustadas en conjuntos de datos y activadas mediante indicaciones lingüísticas. Su “origen” está disperso en redes de signos más que anclado en una fuente singular. En el vocabulario derridiano, tales imágenes inscriben sin presencia: materializan la huella sin un referente fundacional.
En este sentido, la ansiedad por la destrucción del aura pierde fuerza. No hay presencia auténtica que pueda perderse, solo suplementación infinita. El arte generado por IA confirma de manera contundente la tesis derridiana: el origen es siempre ya una huella.
Baudrillard y la era del simulacro
Jean Baudrillard profundiza este desplazamiento al mostrar cómo los signos ya no solo difieren, sino que se desprenden enteramente de la referencia. En Simulacros y simulación (1981/1994), traza cuatro fases de la imagen: primero, refleja la realidad; segundo, la enmascara; tercero, encubre su ausencia; finalmente, deviene simulacro sin relación con lo real.
Las imágenes generadas por IA pertenecen a esta cuarta fase. No son reproducciones de originales, ni imitaciones que encubren la ausencia, sino simulacros puros. Circulan como si fueran creaciones auténticas, mientras su referente no es más que patrones estadísticos y síntesis algorítmica. Baudrillard denomina a esta condición hiperrealidad: la imagen es “más real que lo real”, simulando un origen que nunca existió.
Esta perspectiva afina a Benjamin y Derrida. Si Benjamin rastreó la erosión del aura y Derrida desmanteló el concepto de origen, Baudrillard muestra que incluso la referencia se disuelve. La imagen generada por IA no pierde autenticidad ni difiere hacia un origen sin origen oculto: simula la originalidad misma.
Conclusión
La irrupción de imágenes generadas por IA desafía los legados conceptuales de la estética moderna y la teoría crítica. Benjamin diagnosticó la pérdida del aura en la reproducción técnica, Derrida develó la ausencia de origen en el lenguaje y los signos, y Baudrillard expuso el colapso final de la referencia en la era del simulacro. En conjunto, estos enfoques sugieren que la imagen de IA no es simplemente otra etapa de la reproducción, sino una ruptura cualitativa.
En este nuevo régimen, el aura resulta irrelevante, el origen está disperso y el referente disuelto. La imagen ya no imita ni reproduce: prolifera como simulación, indiferente a la distinción entre original y copia. Esta transformación nos obliga a repensar las categorías con las que comprendemos el arte, la autoría y el sentido cultural. La IA no es solo una innovación técnica, sino un umbral en nuestra economía simbólica, que nos confronta con lo que significa crear en un mundo donde la originalidad misma se ha vuelto simulación.
Referencias
Baudrillard, J. (1994). Simulacros y simulación (A. Pescador, Trad.). Editorial Kairós. (Obra original publicada en 1981)
Benjamin, W. (2008). La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica (M. Brotons, Trad.). Ítaca. (Obra original publicada en 1936)
Derrida, J. (1997). De la gramatología (O. del Barco, Trad.). Siglo XXI. (Obra original publicada en 1967)
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