La inestabilidad del Signo: Derrida y Baudrillard en Diálogo

Red de signos en tensión. AI art
Introducción

La historia de la semiótica es también una historia de inquietud. Desde las primeras definiciones de Aristóteles hasta las elaboraciones posestructuralistas, el signo siempre pareció prometer una mediación sencilla entre pensamiento y mundo, aunque ha demostrado repetidamente su inestabilidad. Jacques Derrida y Jean Baudrillard se erigen como dos de los críticos más radicales de la metafísica de la presencia que subyace a este concepto. A primera vista, sus proyectos parecen distintos: Derrida deconstruye el privilegio del habla sobre la escritura, mientras que Baudrillard dramatiza el colapso de la representación en la simulación. Sin embargo, una lectura más detenida revela que estas líneas se desdibujan. Baudrillard, quien parece escenificar una progresión lineal desde la representación hasta el simulacro puro, en realidad escribe bajo el modo del “como si”: una bisagra que simultáneamente afirma y deshace la oposición binaria. Este ensayo explora esa tensión, situándola en la genealogía más amplia del signo.

Genealogías clásicas del signo

En De Interpretatione, Aristóteles ofreció una de las primeras formulaciones sistemáticas:
“Las palabras habladas son símbolos de las experiencias mentales, y las palabras escritas son símbolos de las palabras habladas” (Aristóteles, trad. 1995, 16a).
La jerarquía es clara: la mente precede al habla, que a su vez precede a la escritura.

Agustín reforzó este modelo al definir el signo como “una cosa que nos hace pensar en otra cosa más allá de la impresión que ella misma causa en los sentidos” (De Doctrina Christiana, II.1). El signo nunca es autónomo, siempre apunta a otra parte, subordinado a una realidad superior.

La lingüística moderna complicó este modelo. Roman Jakobson, en su influyente ensayo Closing Statement: Linguistics and Poetics (1960), argumentó que el lenguaje no puede reducirse a una mera referencia transparente. Sus seis funciones —referencial, emotiva, conativa, fática, metalingüística y poética— muestran que el signo es polivalente. Como señaló célebremente: “El conjunto de mensajes en una lengua es finito, pero la combinación de elementos es prácticamente infinita” (Jakobson, 1960, p. 353). El lenguaje no es solo un vehículo; es una estructura que organiza la comunicación y multiplica el sentido.

Derrida y la deconstrucción del origen

Ferdinand de Saussure definió el lenguaje como un sistema de diferencias sin términos positivos. Derrida radicalizó esta intuición: el signo no refleja de manera transparente una presencia previa, sino que está atrapado en una cadena infinita de diferencias. Su frase “il n’y a pas de hors-texte” (De la gramatología, 1967/1976, p. 158) no niega la realidad externa, sino que insiste en que no hay acceso a ella fuera de la significación.

Para describir esto, Derrida introdujo las nociones de arque-escritura y différance. La arque-escritura designa la huella que precede y excede tanto al habla como a la escritura, deshaciendo su jerarquía. Différance nombra el doble movimiento de diferir y aplazar, por el cual el signo nunca coincide consigo mismo. En este sentido, el origen está siempre ya contaminado por su suplemento.

Los órdenes del simulacro en Baudrillard

Baudrillard, en Simulacros y simulación (1981/1994), trazó cuatro “órdenes” de la imagen:

  1. Refleja la realidad.
  2. Enmascara y pervierte la realidad.
  3. Enmascara la ausencia de realidad.
  4. No guarda relación alguna con la realidad, convirtiéndose en simulacro puro.

A primera vista, esto parece una progresión lineal de la representación a la simulación, una historia de pérdida. Podría leerse logocéntricamente: el primer orden preserva la realidad, el último la abole. Sin embargo, Baudrillard complica esta aparente secuencia.

El gozne del “como si”

Baudrillard escribe a menudo como si estos órdenes se sucedieran históricamente. Pero el “como si” es crucial: indica que la progresión no es real sino escenificada, un recurso retórico. Los órdenes del simulacro no se suceden de manera ordenada; se superponen, se contaminan e implosionan unos en otros. La oposición binaria entre representación y simulación, así, se disuelve.

Este “como si” funciona como una bisagra. Por un lado, Baudrillard seduce al lector con la apariencia de una cronología de pérdida; por otro, derrumba la cronología, dejándonos en un vértigo donde los signos solo remiten a otros signos. A diferencia de Derrida, que insiste rigurosamente en que el origen es imposible, Baudrillard juega con el fantasma del origen, como si se hubiera perdido, como si alguna vez hubiera existido. La ambigüedad —“sí pero no”— es el espacio mismo en el que opera su teoría.

Convergencias y divergencias

Tanto Derrida como Baudrillard rechazan la transparencia del signo. Derrida demuestra que la presencia siempre está diferida, que todo signo lleva las huellas de otros. Baudrillard escenifica la implosión de la referencia en la simulación, dramatizando el abismo en el que se derrumba el signo.

La diferencia es tonal. Derrida disecciona con paciencia, mostrando que el origen es estructuralmente imposible. Baudrillard seduce con el juego de la desaparición, oscilando entre una realidad perdida y el éxtasis de su ausencia. Uno trabaja con la lógica, el otro con la retórica. Sin embargo, ambos convergen en desmantelar el sueño de un signo que simplemente entregue significado.

Conclusión

Desde la cadena jerárquica de Aristóteles hasta la mediación teológica de Agustín, desde la multiplicidad funcional de Jakobson hasta la différance de Derrida y los simulacros de Baudrillard, el signo nunca ha sido estable. Lo que Derrida expone mediante la deconstrucción —un origen que nunca fue—, Baudrillard lo dramatiza mediante la seducción de la desaparición. Su uso del “como si” revela no una oposición binaria, sino un gozne: un sí y un no que resiste el cierre. El signo permanece así no como un puente hacia la presencia, sino como un umbral cambiante, un juego inestable en el que el sentido se difiere y se disuelve sin fin.

Bibliografía

  • Aristóteles. (1995). De Interpretatione (J. L. Ackrill, trad.). En The Complete Works of Aristotle (Vol. 1). Princeton University Press.
  • Agustín. (1995). De Doctrina Christiana (R. P. H. Green, trad.). Oxford University Press.
  • Baudrillard, J. (1994). Simulacros y simulación (S. F. Glaser, trad.). University of Michigan Press. (Trabajo original publicado 1981).
  • Derrida, J. (1976). De la gramatología (G. C. Spivak, trad.). Johns Hopkins University Press. (Trabajo original publicado 1967).
  • Jakobson, R. (1960). Closing Statement: Linguistics and Poetics. En T. A. Sebeok (Ed.), Style in Language (pp. 350–377). MIT Press.
  • Saussure, F. de. (2011). Curso de lingüística general (W. Baskin, trad.). Columbia University Press. (Trabajo original publicado 1916).

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