El Espejo y el Sueño: Lo Imaginario en Lacan y el Principio Apolíneo en Nietzsche
![]() |
|
La metáfora del sujeto. AI art (al estilo de René Magritte) |
Introducción: Figuras de la forma, necesidad de ilusión
Toda teoría del sujeto conlleva una concepción de la forma: ¿cómo se constituye una figura coherente en medio del caos o la escisión? Jacques Lacan y Friedrich Nietzsche, aunque distantes en su vocabulario y tradición, coinciden en identificar una instancia que construye unidad a partir de lo múltiple. Este artículo propone una lectura comparativa entre lo imaginario en Lacan y el principio apolíneo en Nietzsche, entendidos como estructuras de ilusión que posibilitan la aparición del yo y su mundo.
El sueño apolíneo: Individuación y forma en Nietzsche
En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche introduce dos fuerzas fundamentales: lo apolíneo, principio de forma y claridad, y lo dionisíaco, fuerza de disolución e irracionalidad. Apolo es el dios del sueño, de la imagen serena que embellece la superficie de un fondo trágico. Dice Nietzsche: “Sólo como fenómeno estético están eternamente justificados la existencia y el mundo” (§5).
El sueño apolíneo no niega el caos, sino que lo transfigura en imagen bella, medida y contorno. La tragedia griega representa esta alquimia estética: convierte el dolor en figura, lo informe en obra. El arte no encubre, sino que hace habitable lo que de otro modo sería insoportable.
Lo imaginario en Lacan: El espejo y la ficción del yo
Lacan, desde la tradición psicoanalítica, sitúa el origen del yo en el estadio del espejo, momento en que el infante se reconoce en una imagen unificada. Esa imagen proviene del exterior —del cuerpo visto, del Otro que mira—, y por eso el yo está desde el principio alienado en la forma del Otro.
El registro de lo imaginario es la dimensión de las imágenes, las identificaciones, las ficciones especulares. Es también el campo del narcisismo, de la sugestión, de las ilusiones ópticas que fascinan y engañan. El yo no es un dato interno, sino una construcción imaginaria sostenida por la mirada del Otro. Lacan afirma: “El yo es una imagen, una forma enajenada, formada a partir del cuerpo y del cuerpo del otro.” (Escritos I)
Convergencias estructurales: Imagen, forma, ficción
Tanto el sueño apolíneo como lo imaginario lacaniano operan una ficción de unidad frente a la escisión. En Nietzsche, la imagen artística vela el caos dionisíaco con belleza. En Lacan, la imagen del yo sutura momentáneamente la fragmentación psíquica.
Ambos registros comparten la idea de que la forma es ilusión, pero una ilusión necesaria. El espejo y el sueño no muestran la verdad, pero construyen una superficie vivible. Sin esa figura —ya sea estética o especular—, el sujeto se disgrega o sucumbe al abismo de lo Real.
El sujeto escindido: Matizaciones necesarias
Tradicionalmente, se señala que Nietzsche no concibe al sujeto como efecto del lenguaje, mientras que Lacan sí: en su marco teórico, el sujeto está dividido por el significante, y su yo es apenas una imagen alienada. Sin embargo, si consideramos textos como Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, la distancia se acorta.
Allí, Nietzsche afirma que lo que llamamos “verdad” no es más que una hueste de metáforas endurecidas, y que el sujeto no es otra cosa que un efecto secundario del lenguaje. Esta concepción del yo como ficción gramatical se aproxima a la tesis lacaniana según la cual el sujeto está escindido por el orden simbólico, y que la identidad es una formación imaginaria.
Pese a ello, la relación con la ilusión difiere: el arte trágico nietzscheano puede redimir, permitir una afirmación estética de la vida; en cambio, lo imaginario lacaniano está marcado por el engaño estructural. El principio apolíneo permite afirmar la vida a través de la forma; lo imaginario sostiene el yo, pero también lo fija en una imagen que lo limita.
Ambos conciben la forma como ficción, pero Nietzsche mantiene abierta una posibilidad de afirmación a través de ella, mientras que en Lacan predomina la lógica de la alienación. No obstante, en los dos casos, la imagen no es falsedad, sino una necesidad estructural de lo humano.
Conclusión: Formas del yo, máscaras del ser
La comparación entre el sueño apolíneo y lo imaginario no implica una identidad conceptual, pero sí revela una afinidad estructural. Ambos registros organizan lo disforme en una figura que permite la individuación. No son la verdad del ser, pero actúan como velos salvadores.
En tiempos donde la identidad se descompone, y el yo se fragmenta entre pantallas y discursos, estas dos teorías nos recuerdan que la forma es siempre un artificio, pero también la condición de posibilidad del habitar subjetivo.
Notas y bibliografía
- Nietzsche, F. El nacimiento de la tragedia. Madrid: Alianza, 2006.
- Lacan, J. Escritos I. México: Siglo XXI Editores.
- Lacan, J. El Seminario I: Los escritos técnicos de Freud. Buenos Aires: Paidós.
- Fink, Bruce. A Clinical Introduction to Lacanian Psychoanalysis. Harvard University Press.
- Roudinesco, E. & Plon, M. Diccionario de psicoanálisis. Springer.

Comentarios
Publicar un comentario