Leyendo entre líneas: La dicotomía ser/deber en la filosofía de Hume
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“En todo sistema
de moral que hasta ahora he conocido, siempre he observado que el autor procede
durante algún tiempo con el modo ordinario de razonar, y establece la
existencia de Dios, o hace observaciones acerca de los asuntos humanos; cuando
de pronto me sorprendo al encontrar que, en lugar de las habituales uniones de
proposiciones tales como es y no es, no encuentro ninguna proposición que no
esté conectada con un debe o un no debe. Este cambio es imperceptible, pero de
la mayor importancia. Porque, como este debe o no debe expresa alguna relación
o afirmación nueva, es necesario que se observe y explique; y al mismo tiempo
que se dé una razón, de lo que parece completamente inconcebible, cómo puede
deducirse esta nueva relación de otras que son enteramente diferentes. Pero
como los autores comúnmente no adoptan esta precaución, me atreveré a
recomendarla a los lectores.”
— David Hume, Tratado de la naturaleza humana, libro 3, parte 1, sección 1
Introducción
Pocos pasajes en la filosofía moral han generado tanto debate como la famosa observación de David Hume de que los filósofos “de repente” pasan de cópulas fácticas —es, no es— a prescripciones —debe, no debe— sin explicación (Hume, 1739/2000, p. 302). Habitualmente, esta frase se interpreta como la formulación temprana del “problema del ser y el deber”, pero su perfil retórico también recuerda al doble movimiento metodológico que Jacques Derrida denomina doble lectura. Este ensayo reconstruye el procedimiento de Hume, identifica a los pensadores que probablemente tenía en mente, y sostiene que su denuncia del paso oculto de la descripción a la norma implica justamente el tipo de “violencia” textual que Derrida atribuye a actos interpretativos encubiertos.¹
El Argumento Superficial de Hume
En su nivel más inmediato, Hume lleva a cabo una meticulosa auditoría de tratados morales. Sigue el razonamiento “durante un tiempo de la manera ordinaria”, anota premisas teológicas o empíricas, y luego encuentra una conclusión normativa abrupta (Hume, 1739/2000, p. 302). Su queja explícita es de tipo lógico: ningún autor proporciona la premisa faltante que permitiría transformar hechos en obligaciones. Planteada como una petición de “precaución”, la crítica proyecta una ética de honestidad intelectual más que una postura iconoclasta.
La Transición Silenciosa
Sin embargo, la sorpresa de Hume no es puramente pedante. El cambio ocurre “imperceptiblemente”, lo que sugiere no tanto un descuido como una necesidad estructural. Al aislar este punto de articulación no marcado, expone lo que Derrida más tarde llamará una aporía: un momento en el que el argumento exige lo que no puede proporcionar legítimamente. El moralista necesita el debe para completar el sistema, pero debe fingir que surge de manera orgánica a partir del material descriptivo. Hume identifica con precisión el instante en el que la retórica se disfraza de inferencia, revelando una dependencia tácita que fractura la coherencia del discurso.
La importancia de este punto de inflexión oculto se vuelve más clara si consideramos cómo Derrida caracteriza la imposición encubierta de estructuras normativas como una forma de fuerza interpretativa.
La Violencia del Contrabando Normativo
Derrida denomina con frecuencia violencia a estos movimientos encubiertos: una imposición que borra sus propias huellas para parecer evidente por sí misma (Derrida, 1976, p. 163). Cuando un autor introduce contenido prescriptivo dentro de una exposición factual, el texto impone una norma mientras niega su origen contingente. Como el salto está camuflado como necesidad lógica, el lector es sutilmente coaccionado a aceptarlo. El lenguaje de Hume —“contrabando” no sería una palabra inapropiada— anticipa el diagnóstico de Derrida sobre una fuerza discursiva que naturaliza la jerarquía. Al detectar la intrusión, Hume no sólo señala una falla lógica, sino que desenmascara una jugada de poder: el autor afirma autoridad moral al ocultar la decisión interpretativa que la sustenta.²
Paralelismos con la Doble Lectura de Derrida
La doble lectura derrideana se desarrolla en dos fases: primero, una reconstrucción fiel de la autocomprensión del texto; segundo, una travesía crítica que revela la tensión interna que socava dicha presentación (Bradley, 2008). La técnica de Hume refleja esta coreografía. En un inicio, “procede” junto al filósofo, reconstruyendo la cadena de proposiciones empíricas o teológicas. Sólo tras ese compromiso leal anuncia la ruptura: la llegada subrepticia del debe. Su práctica encarna así tanto la obediencia como la interrupción. Aunque el propósito de Hume no es celebrar la indecidibilidad, sino exigir transparencia argumentativa, la forma de su indagación anticipa la insistencia de Derrida en que todo sistema alberga una fisura que lo abre a lecturas alternativas.
Derrida también llama la atención sobre el elemento exorbitante: el suplemento introducido como externo pero que se revela indispensable (Derrida, 1976, p. 154). El debe en el razonamiento moral cumple exactamente esa función. Parece marginal, casi decorativo, pero sin él el edificio de la normatividad se derrumba. La lectura “a contrapelo” de Hume resquebraja así la fachada, mostrando cómo el término suplementario sostiene y a la vez desestabiliza el discurso moral.
Posibles Blancos: Moralistas del Derecho Natural
Aunque Hume no da nombres, el contexto sugiere que los teóricos del derecho natural —entre ellos Tomás de Aquino, Pufendorf y quizá Francis Hutcheson— están en su punto de mira. Sus tratados derivan deberes a partir de la naturaleza humana o la razón divina.³ Al señalar la bisagra silenciosa entre la observación antropológica y el imperativo ético, Hume desafía implícitamente el proyecto teológico-racionalista que dominaba la Gran Bretaña y Europa del siglo XVIII. Su crítica funciona, por tanto, no solo como consejo metodológico, sino como una ofensiva contra la metafísica moral prevalente.
Conclusión
El breve párrafo de Hume opera en dos registros. En la superficie, ofrece una recomendación modesta: los filósofos deberían proporcionar el eslabón perdido entre el ser y el deber. Pero en un plano más profundo, ejecuta un gesto radical, al exponer la fragilidad de cualquier discurso que oculte sus compromisos normativos detrás de fachadas descriptivas. Visto a través del prisma de la doble lectura de Derrida, el pasaje se revela como un momento proto-deconstructivo que desenmascara la violencia implícita en el ilusionismo retórico. Al atender tanto a la letra de los argumentos morales como a sus puntos ciegos estructurales, Hume anticipa una práctica crítica que sólo más tarde recibiría un nombre, pero que ya era, como él diría, “de la última consecuencia”.
Notas
- Derrida utiliza el término violencia no en sentido físico, sino para denotar la imposición forzada de estructuras de sentido (Derrida, 1976).
- Sobre la violencia simbólica, véase el uso posterior en la sociología de Bourdieu, que comparte este énfasis en la coerción invisible.
- Véase Moore (1903/1993) para una crítica relacionada de la derivación de la ética a partir de la naturaleza, conocida más tarde como la falacia naturalista.
Referencias
Bradley, A. (2008). Derrida’s double reading and literary criticism. Journal of Post-Structural Studies, 12(2), 45–62.
Derrida, J. (1976). Of grammatology (G. C. Spivak, Trad.). Johns Hopkins University Press. (Trabajo original publicado en 1967)
Hume, D. (2001). Tratado de la naturaleza humana (Edición traducida por José Manuel Álvarez). México: Editorial Porrúa.
Hume, D. (1739/2000). A treatise of human nature (D. F. Norton & M. J. Norton, Eds.). Oxford University Press.
Bourdieu, P. (1991). Language and symbolic power (J. B. Thompson, Ed.; G. Raymond & M. Adamson, Trans.). Harvard University Press. (Original work published 1982)
Moore, G. E. (1903/1993). Principia ethica. Cambridge University Press.

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