La visión estética de Nietzsche: El arte como redención y peligro

El Nietzsche de Leonardo. IA art


Introducción

La relación de Nietzsche con el arte está marcada por una profunda ambivalencia. Por un lado, el arte representa para él la más alta forma de afirmación de la vida frente al nihilismo religioso y moral. Por otro, Nietzsche desconfía del artista cuando este olvida el carácter ilusorio de su creación y pretende elevar su obra a una verdad absoluta o revelación metafísica. Este artículo explora esa tensión, atendiendo a conceptos clave del pensamiento nietzscheano como la affirmatio vitae, la figura del creator mundo, la voluntad de verdad y la lebenslüge o “mentira vital”.

El arte como afirmación de la vida

Para Nietzsche, el arte constituye una vía privilegiada para redimir la existencia sin necesidad de verdades trascendentes. En El nacimiento de la tragedia, el arte trágico aparece como el máximo ejemplo de esa capacidad de transfigurar el sufrimiento en forma estética. A través del arte, incluso lo terrible puede ser afirmado, no desde la negación del dolor, sino desde su transformación en goce contemplativo:

“Solo como fenómeno estético están eternamente justificados la existencia y el mundo” ¹.

Esta afirmación no debe leerse como una invitación al escapismo, sino como una propuesta de vivir sin ilusiones metafísicas. El arte, en lugar de prometer un más allá redentor, nos enseña a decir “sí” a la vida tal como es, con su caos, dolor y ausencia de sentido último.

El artista como fabulador: infancia, mentira y autoengaño

Sin embargo, Nietzsche no glorifica al artista sin reservas. En varios pasajes, observa con lucidez la psicología del creador, señalando que muchos artistas nacen de la inclinación infantil a la mentira. El artista adulto sería, en muchos casos, “un pequeño embustero que supo encauzar su afición a la mentira hacia un terreno productivo” ².

Este diagnóstico conecta con su crítica a la tendencia del artista al autoengaño. El arte pierde su valor afirmativo cuando el creador deja de ver su obra como ficción estética y comienza a creer en ella como si fuese revelación verdadera. La mentira útil se convierte entonces en una lebenslüge inconsciente: una falsedad existencial que ya no es reconocida como tal.

El “brujo de la tribu” y la ilusión del creador absoluto

Nietzsche emplea la figura del “brujo de la tribu” ² para ilustrar cómo el artista puede ser víctima de su propio mito. Como el hechicero que convence a la comunidad de su poder curativo y termina creyéndolo él mismo, el artista corre el riesgo de proyectar sobre su obra un aura de divinidad:

“El propio artista, fortalecido por el éxito de sus quimeras entre el público y la fe del espectador [...] termina él mismo por darles crédito como el brujo de la tribu a sus poderes curativos” ².

Esta dinámica desemboca en la figura del creator mundo, el artista que se concibe a sí mismo como un demiurgo, un ser que crea ex nihilo y garantiza el valor absoluto de su obra. Pero esta elevación del artista a la categoría de genio o profeta es, para Nietzsche, una trampa narcisista: un nuevo simulacro de lo divino que reemplaza al viejo Dios.

La voluntad de verdad contra la mentira vital

El pensamiento estético de Nietzsche está atravesado por una tensión persistente entre dos impulsos: la necesidad de ficción (lebenslüge) para soportar la existencia, y la voluntad de verdad que revela las ficciones como tales. Nietzsche nunca niega que las ilusiones sean necesarias —de hecho, las considera vitales para la supervivencia psíquica del hombre—, pero exige que no sean confundidas con verdades eternas.

En este sentido, el arte solo es legítimo mientras conserve la conciencia de su propia ficción. Cuando se presenta como verdad, degenera en ideología, dogma o redención falsa. Nietzsche escribe:

“El error no es ceguera, el error es cobardía” ³.

Así, el arte auténtico es el que reconoce su estatuto ilusorio sin ocultarlo tras un velo de metafísica sentimental. No ofrece consuelo trascendente, sino intensidad vital. Su función no es sustituir la religión, sino liberarnos de la necesidad de salvación.

Crítica del arte como redención falsa

En su madurez filosófica, Nietzsche profundiza esta crítica. Obras como Más allá del bien y del mal o El ocaso de los ídolos revelan un escepticismo creciente hacia los discursos que enaltecen el arte como sustituto de la religión. El arte puede ser peligroso cuando se convierte en opio estético, consuelo para quienes no soportan la verdad del devenir.

En este punto, la sospecha nietzscheana se vuelve doble: contra el artista que se cree profeta, y contra el espectador que busca en el arte una verdad que dé sentido a su existencia. Solo un arte que no se toma a sí mismo por absoluto puede estar al servicio de la afirmación de la vida.

Conclusión

Lejos de ofrecer una visión unívoca del arte, Nietzsche lo sitúa en una encrucijada existencial. El arte puede ser el más alto gesto de afirmación vital, pero también el más insidioso vehículo del autoengaño. Todo depende de si permanece fiel a su carácter estético, o si cae en la tentación de reemplazar la realidad por una ficción sacralizada. En última instancia, el arte nietzscheano no promete redención, sino lucidez: la capacidad de vivir sin dioses, sin absolutos y sin máscaras.

Notas

  1. Friedrich Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, §5.
  2. Nietzsche, Friedrich. Ilusión y verdad del arte. Selección, traducción y prólogo de Miguel Catalán. Madrid: Casimiro Libros, 2013.
  3. Friedrich Nietzsche, Más allá del bien y del mal, §231.

Bibliografía

  • Nietzsche, Friedrich. El nacimiento de la tragedia. Trad. Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 2015.
  • Nietzsche, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Trad. Andrés Sánchez Pascual. Madrid: Alianza, 2014.
  • Nietzsche, Friedrich. El ocaso de los ídolos. Trad. Germán Cano. Madrid: Tecnos, 2017.
  • Young, Julian. Nietzsche's Philosophy of Art. Cambridge: Cambridge University Press, 1992.
  • Nietzsche, Friedrich. Ilusión y verdad del arte. Selección, traducción y prólogo de Miguel Catalán. Madrid: Casimiro Libros, 2013.

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